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domingo, 10 de junio de 2012

Palacio de Comunicaciones (Palacio de Cibeles)



El Palacio de Comunicaciones (desde 2011 Palacio de Cibeles) es un conjunto integrado por dos edificios de fachada blanca, ubicados en uno de los centros de Madrid histórico. Se erigen en un lateral de la Plaza de Cibeles, ocupando unos 30.000 metros cuadrados de lo que fuera los antiguos Jardines del Buen Retiro. La primera piedra del edificio se colocó en 1907, y su inauguración oficial tuvo lugar el 14 de marzo de 1919, dando inicio al funcionamiento de una moderna central de correos, telégrafos y  teléfonos. Tras algunas evoluciones arquitectónicas del exterior del edificio, en el 2007 comienza a albergar las dependencias municipales del Ayuntamiento de Madrid, trasladando sus dependencias desde la Casa de la Villa y Casa de Cisneros. Esta reforma incluye un área cultural denominada CentroCentro.


El conjunto es uno de los primeros ejemplos de arquitectura modernista erigidos en el centro de Madrid. De fachada con evocaciones neoplaterescas y barroco salmantino. El edificio fue diseñado por los jóvenes arquitectos españoles Antonio Palacios y Joaquín Otamendi como sede para la Sociedad de Correos y Telégrafos de España. 


Los edificios van acusando poco a poco las modificaciones realizadas. Se realizan nuevas reformas para mejorar los sistemas de comunicación, realizándose mejoras en ambos edificios entre los años 1980 y 1992. El declive del uso postal a finales del siglo XX tiene como consecuencia una pérdida de protagonismo del edificio. En 1993 es declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento, y a comienzos del presente siglo es transformado en Centro Cultural y sede del Ayuntamiento de Madrid.


La historia de Madrid, tras la decisión de Felipe II de transformar la ciudad en un centro administrativo y político de la nación va creciendo en población y tamaño desde el siglo XVII. El crecimiento poblacional de Madrid hace que durante el reinado de Fernando VII se promocione la comunicación postal mediante la construcción mediante la construcción de la Real Casa de Correos y la asignación de su construcción al arquitecto Jaime Marquet. 


Uno de los elementos característicos fue la instalación de la Fuente de Cibeles en 1794 con diseño de Ventura Rodríguez Los Jardines del Buen Retiro se extendían hasta el Paseo del Prado. La inauguración de los Jardines del Buen Retiro en 1876 y del Hipódromo de la Castellana dos años después, hicieron que el tráfico rodado se desplazara a las confluencias de la calle de Alcalá con el Paseo del Prado. 








El correo postal en España había sufrido un auge constante desde los años treinta hasta finales del siglo XX. La introducción del sello postal como sistema de franqueo a partir de 1850 y el continuo abaratamiento del servicio fueron transformando y socializando el servicio. La explotación de la Compañía de Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante tuvo su auge a finales del siglo XIX, llegando a competir con el servicio de postas. La edificación de la Estación de Mediodía proporcionaba un acceso adicional de viajeros, así como de servicios de distribución postal. 


El número de usuarios del sistema postal fue creciendo a medida que se iban introduciendo nuevos sistemas de comunicaciones. Entre 1868 y 1877 un promedio en España de tres millones y medio de cartas por año. A finales del siglo XIX la cifra superaba el centenar de millones de cartas. Tras la Ley de Bases para la Reforma de Correos y Telégrafos en 1909 se introdujo la creación de la Caja Postal de Ahorros y la introducción del giro postal.


En 1924se establece el monopolio de comunicación denominado Compañía Telefónica Nacional de España. Esta compañía adquiere la instalación de telégrafos y evoluciona a una topografía de red en malla. Introduce las mejoras en los sistemas de transmisión como el empleo del Código Baudot y de los teletipos. El mundo de las postales y los telégrafos se vincula con el servicio telefónico. 


El edificio tardará doce largos años en hacerse realidad. El proyecto se aprueba en 1905, se comienza a construir en 1907 y se inaugura oficialmente en 1919. El comienzo de las obras se vio interrumpido y ralentizado durante algunos años tras el concurso debido a las resistencias y luchas políticas en la época. 


El 12 de septiembre de 1907se da el comienzo oficial de las obras. El ingeniero ángel Chueca Sainz es el encargado del cálculo de las estructuras metálicas del nuevo edificio. En 1916 se abren al público los primeros servicios de la Caja Postal de Ahorros, aunque el edificio no quedará concluido hasta 1918. 








El edificio de fachada con su color característico blanco debido al empleo de piedra de Novelda. Esta piedra es, en realidad, una roca carbonática del tipo biocalcarenita, extraída de Alicante. El edificio consta de cinco plantas en total. 


Se ha venido empleando en diversos monumentos de Madrid, Valencia y Alicante. Posee un estilo muy personal, que ambos arquitectos desarrollarán posteriormente en en el Hospital de Jornaleros de Maudes, basándose en varias fuentes que se integran en un conjunto coherente: el neogótico, especialmente la obra de Viollet-le-Duc, los hallazgos de sinceridad estructural y de materiales de arquitectos e ingenieros como Gustave Eiffel y Otto Wagner y la pasión de Palacios por los estilos regionales españoles, especialmente el gótico tardío y la obra de Rodrigo Gil de Hortañón. 


La fachada posee diversas características del estilo monumental de Antonio Palacios. Emplea en el diseño la integración de las sucesivas perspectivas cónicas subjetivas a un espectador que se mueve en calle observándola. Adaptan la fachada cóncava a los requerimientos de la Plaza de Cibeles. El estilo general es una mezcla de la arquitectura norteamericana de carácter monumental con fragmentos españoles.


Se encuentran edificadas dos torres extremas a ambos lados de la fachada, y un gran torreón central de unos 70 metros de alto. En dicho torreón posee un reloj eléctrico que se ilumina de noche, sustituyendo en oficialidad al Reloj de la Puerta del Sol. El autor de muchos de los elementos escultóricos y decorativos de la fachada son del artista ángel García Díaz, asiduo colaborador en las edificaciones de ambos arquitectos. Muchos de los detalles de la fachada están inspirados en la corriente denominada secessionstil austríaca (movimiento modernista en Austria). Se percibe la influencia vienesa en detalles como el diseño de las cartelas vacías y enmarcadas con ornamentos en forma de guirnaldas y coronas, las ventanas segmentadas de raíces clasicistas y una clara tendencia a la geometrización de algunos detalles ornamentales.


Estos detalles ornamentales van especificándose más y más a medida que se eleva la cota a pie de calle, lo que obliga a mirar hacia arriba. La fachada posee algunas representaciones alegóricas que recuerdan a la masonería: estrellas, granadas, caballeros con espadas. En muchas de las representaciones de la fachada, en torno a los torreones laterales, se encuentran remiscidencias directas a conquistadores españoles, con los bustos de Hernán Cortés, Magallanes, etc.






El espacio interior (hall central) desde el que se accede desde la entrada principal que da a la Plaza de Cibeles será una constante en las obras posteriores de Antonio Palacios. Es la dependencia más importante del edificio, no solo por sus dimensiones  sino también por su emplazamiento. Posee una forma de "T" invertida. Cada lóbulo atendía a una función diferenciada: a la derecha los servicios de correos, enfrente los de telégrafos, a la izquierda los del los teléfonos. El estilo neoplateresco del edificio se muestra en el interior del gran hall, donde se pueden ver numerosas galerías de arcos de medio punto con columnas adosadas.


El diseño inicial incluye la cubierta del Pasaje de Alarcón y la supresión del tráfico rodado a través de él. Este pasaje separaba el edificio de la Dirección de Gestión. Posee uno 130 metros de largo por 15 de ancho y comunica la calle de Alcalá con la de Montalbán. 


Una gran bóveda acristalada se eleva haciendo de cubierta de quinientas toneladas de peso, formando la Galería de Cristal, compuesta de una malla triangular. Esta bóveda de geometría irregular cobija a los visitantes con sus casi dos mil quinientos metros cuadrados de cristal. Esta cubierta de vidrio se extiende desde el Pasaje de Alarcón y el Patio de Coches.


El Palacio aparece posteriormente a su edificación en el siglo XX en diversas postales  y souvenirs turísticos de la ciudad. La combinación monumental con la propia estatua de la Cibeles  en la plaza es típica en las estampas madrileñas. Aparece en dichos populares la denominación jocosa y popular de Nuestra Señora de las Comunicaciones, por su planta y aspecto exterior de tipo catedrático. 


Al convertirse en la sede del Ayuntamiento de Madrid desde comienzos del siglo XXI cobra un protagonismo especial en la celebración de eventos madrileños. El palacio aparece iluminado en su blanca fachada con motivo de las diversas ocasiones festivas de Madrid y su Comunidad Autónoma, por ejemplo, desde 2006, cuando se celebra la noche en blanco o durante las fiestas navideñas.









sábado, 5 de mayo de 2012

Arquitectura de Madrid (Segunda Parte)



El siglo comienza con un nuevo estilo arquitectónico, sin embargo la falta de medios materiales hizo difícil llevar a la práctica la arquitectura que, como la neoclásica, es de por sí ya costosa. Esta nueva arquitectura fernandina sobrevive al reinado del monarca y se difunde en la arquitectura madrileña durante la minoría de la edad de Isabel II. Destaca de este período la creación de la nueva Escuela Superior de Arquitectura de Madrid, reemplazando a la Academia de San Fernando como lugar de formación de los futuros arquitectos. 


La culminación de algunos proyectos arquitectónicos y urbanísticos que se iniciaron durante el reinado de Carlos III en Madrid, tuvieron que ser bruscamente interrumpidos en los días finales del reinado de Carlos IV debido a la invasión francesa de 1808. Durante aquella época fue la Academia De Bellas Artes de San Fernando la academia en la que se formaban los futuros arquitectos y lugar de cultivo de la nueva corriente neoclásica. Desaparecían lentamente los ornamentos barrocos dando lugar a la proporción.


Durante el gobierno de José Bonaparte no se ejecutaron grandes obras debido a la precaria situación económica de la nación. Esto afecta, naturalmente, a la población de arquitectos, algunos de los cuales tuvieron una actitud distante con el nuevo gobierno napoleónico. La única obra que Juan de VIllanueva (cuya relación con el gobierno fue bastante distante) lleva a cabo en aquellos años fue el ya desaparecido Cementerio General del Norte, que sirvió de ejemplo para los cementerios madrileños que se levantarían con posterioridad al reinado de Fernando VII. A partir de 1810 José Bonaparte se involucra en una reforma urbanística del interior de la ciudad, en los que se expropian bienes eclesiásticos y se derriban iglesias y conventos. En su lugar  se construyen pequeñas plazas que conservan el nombre del templo religioso  ya derribado: Plaza de Santa Ana (creada en 1810para desahogar el Palacio del Príncipe) y la Plaza de San Miguel (creada en 1811, para alivianar el mercado de la Plaza Mayor situando en ella la venta exclusiva de pescado). Estos derribos supusieron la partida del patrimonio arquitectónico de Madrid.


Uno de los arquitectos más activos durante ese período es Juan Antonio Cuervo, encargado de la única obra de envergadura durante el período de José I: la Iglesia de San Nicolás. A la llegada de Fernando VII se continúa con los proyectos arquitectónicos, abriéndose un segundo período de arquitectura neoclásica entre los años 1814 y 1833. Uno de los arquitectos destacados en este período es Isidro González Velázquez, quien se convertiría en el Arquitecto Mayor de las Reales Obras. En 1814, y a iniciativa de las Cortes, se edifica un monumento a los caídos en Madrid el 2 de Mayo de 1808, para lo cual se llamó a un concurso, siendo el ganador Isidro González Velázquez, quien realiza como obra de gran envergadura la correspondiente a la Plaza de Oriente.








En 1830 León Gil de Palacio desarrolla una maqueta de la ciudad que en la actualidad se conserva en el Museo Municipal de Madrid. Esta maqueta hace ver claramente los efectos de los derribos y plazas del nuevo Madrid. El neoclasicismo madrileño encuentra, a mediados del siglo XIX su fin, la arquitectura intenta buscar un origen español y aparecen las arquitecturas historicistas que miran el pasado.


La arquitectura de la época isabelina pusieron de moda un cierto gusto por lo árabe, imitando en cierta manera los monumentos de ciudades como Granada, Sevilla y Córdoba. Este período se abre en la ciudad con la popularidad de la arquitectura neomudejar. En la Exposición Universal de Viena (1873) se construyen los pabellones españoles en estilo neomudejar. El arquitecto Emilio Rodríguez Ayuso es el iniciador de la corriente mudejar en los edificios populares como la Antigua Plaza de Toros (1878). Dicho arquitecto evoluciona el neomudejarismo hasta alcanzar un eclecticismo que se desarrollará completamente en el edificio de las Escuelas Aguirre. Otros seguidores de este estilo arquitectónico en Madrid son Lorenzo Álvarez Capra que diseña la Iglesia de la Paloma. 


El estilo neomudejar comienza a aparecer en lugares de recreo como el Frontón Beti-Jai (1894) y en teatros madrileños como el Alhambra y el María Guerrero. El estilo se propaga a templos religiosos. Algunos edificios civiles como la desaparecida Fábrica Gal . Entre el último cuarto de siglo XIX y el primer cuarto del siglo XX, uno de los estilos más característicos es el neomudejar. La popularidad del estilo se hizo patente en la Exposición Universal de París (1878), obra de Agustín Ortíz de Villajos. 


Aparecen nuevos diseños como la Escuela de Minas de Madrid, edificada en 1888, y el edificio del Ministerio de Fomento de Ricardo Velázquez Bosco. A finales de siglo se construyen casas vivienda de renta alta en el espacio que va desde el Retiro hasta el Paseo del Prado. Surgen dos obras finales del siglo XIX: se trata, por una parte, del edificio del Banco de España, el otro es el de la Bolsa de Madrid. En 1860 se aprobaba el Plan de Ensanche del ingeniero Castro que proponía la urbanización y construcción de ocho barrios de trazo moderno y regular a los que preveía de jardines, plazas y servicios públicos, compuestos por manzanas de edificios de tres alturas con patios interiores ajardinados. El proyecto se puso en marcha parcialmente debido a trabas administrativas, legales y económicas.








La crisis del estilo del neoclasicismo como estilo único coincidió con la del absolutismo político. Algunos de los arquitectos del neoclasicismo continúan ejerciendo en los inicios del reinado de Isabel II. Uno de los ejemplos es el edificio del Congreso de los Diputados, siendo una de las obras más importantes a comienzos del siglo XIX. 


La Catedral de la Almúneda nace en un principio como un templo madrileño que sustituye a la vieja iglesia de Santa María derribada por reformas urbanas. El primer arquitecto encargado es el Marqués de Cubas, sus primeros diseños se acercan al neogótico. El proyecto sufriría varias interrupciones, cambios de arquitectos, de criterio, de presupuesto dedicado a la obra y de estilos arquitectónicos.


Entre los primeros arquitectos españoles diseñadores de estructuras de hierro se encuentra Eugenio Barón que construye el primer puente sobre el río Manzanares en 1861. Pronto se construye el Mercado de la Cebada y de los Mostenses. La revolución de septiembre de 1868 impediría la realización inmediata de estas obras.


La corriente arquitectura historicista comienza a surgir a finales del siglo XIX. Las publicaciones de Eugène Viollet-le-Duc se hacen muy populares entre los arquitectos españoles de este período, siendo una de las causas de que los estilos regresen a modelos anteriores. Las reformas de la Puerta del Sol  y los ensanches promovidos por la Ley de Reformas Interior dan lugar a nuevos escenarios de construcción en el centro de Madrid.


El modernismo se propaga a lo largo de diversas variantes a lo largo de la arquitectura madrileña. Algunos arquitectos fueron migrando desde posiciones eclécticas a un modernismo moderado o eclecticismo moderado. Otros realizaron obras premodernistas como el caso de José Grases Riera que diseña en el Retiro de Madrid un monumento a Alfonso XII (1902). En el año 1904 se celebra en Madrid el VI Congreso Internacional de Arquitectos tomando como sede el edificio del Ateneo de Madrid. Uno de los edificios que se remonta a esa época de transición es el Casino de Madrid. Algunos arquitectos se hacen eco del modernismo, como es el caso de Eduardo Reynals Toledo, quien lo desarrolla en la Casa de Pérez Villaamil. Otros jóvenes, como Carlos de Luque López y García Calleja adoptan el modernismo desde sus inicios. 









lunes, 30 de abril de 2012

Arquitectura de Madrid (Primera Parte)


Nota: Al ser un tema bastante amplio (ya que abarca varias épocas históricas), he decidido subdividirlo en tres partes. 

La arquitectura de Madrid es el conjunto de estilos arquitectónicos  y constructivos que, a lo largo de la historia de Madrid han ido apareciendo en la ciudad. La arquitectura madrileña supone ser una parte importante de la arquitectura española, y refleja una parte de su evolución. El carácter propio de los estilos arquitectónicos madrileños comienza en el siglo XV. La decisión de Felipe II de convertir la ciudad en capital de España convierten a la ciudad en un espacio constructivo para instalar la corte, el poder  estatal y las diversas órdenes religiosas. La arquitectura se convierte, de tal modo, en una forma de plasmar las ambiciones políticas de una época. Se comienzan a desarrollar planes urbanísticos que regulan su crecimiento. La posición de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en la evolución de la arquitectura madrileña es importante hasta que, en el siglo XIX se crea la primera Escuela de Arquitectura.

A finales del siglo XIX y comienzos del XX Madrid no es capaz de encontrar un estilo arquitectónico propio, causando el surgimiento de la arquitectura ecléctica. La aparición de nuevas necesidades arquitectónicas a comienzos del siglo XX, con la aparición de grandes almacenes, oficinas, entidades bancarias y la necesidad de establecer nuevos sistemas de comunicación, hace que surjan nuevos edificios en Madrid.






Los primeros asentamientos en Madrid datan del pleistoceno medio. La organización de estas primitivas sociedades madrileñas, desde el punto de vista arquitectónico no se diferencia de otras de la península ibérica. A comienzos del siglo VIII el grado de decaimiento, abandono y reutilización de las antiguas ciudades romanasera muy habitual. . La llegada de los musulmanes hizo que la arquitectura Al-Andalus fuera un punto de ruptura con todo lo anterior.


La ciudad es mencionada por primera vez en un texto del siglo XIV, mencionada como una ciudad notable del Ad-Andalus, aunque ya existe una ciudad, en el siglo IX con su muralla defensiva. Dicha muralla se construye entre los años 852 y 886, y en la actualidad pueden verse algunas secciones de la misma: Torre de los Huesos, algunos restos del parque Mohamed I y la Torre de Narigües. Una de las puertas de dicha muralla fue la Puerta de la Almuneda. La existencia de oficios relacionados con la construcción van en crecimiento durante este período, algunos de ellos son adoberos, tejeros y alfareros. 


Durante el reinado de los Reyes Católicos la ciudad construye edificios de carácter administrativo. Una de las primeras disposiciones municipales es el adoquinado de algunas calles. Durante este período la construcción quedó monopolizada en los mozárabes, en profesiones especializadas, llamadas alarifes. El primer Monasterio construido en la ciudad será el Monasterio de los Jerónimos, el cual se instala cerca del río Manzanares, junto al camino del Pardo, aunque, debido a las condiciones insalubres se lo trasladó al sector oriental de la Villa junto al arroyo Valnegral. La ubicación del Monasterio dará lugar a sucesivas ampliaciones dedicadas a las estancias reales, hasta que, en el siglo XVI se convierte en el Palacio del Buen Retiro.






Durante el reinado de Carlos I (1515 - 1556) se desarrollan una serie de mejoras y ampliaciones en el Alcázar. Es en este período cuando la ciudad comienza a crecer. El responsable del desarrollo de las nuevas trazas del Alcázar es el arquitecto Luis de Vega. Dichas obras se extenderán hasta el reinado de Felipe II. Se edifica el Palacio del Teosorero Real y la Casa de Cisneros. El Palacio del Pardo, ubicado en el Real Sitio del Pardo se convierte en una casa de estancia real. Uno de los palacios que se comienzan a construir es La casa de las siete chimeneas (1577), obra de Antonio SilleroBastante alejado del centro urbano se construye el Convento de Agustinos Recoletos.


Una de las primeras obras de Felipe II en Madrid fue la renovación de La Plaza del Arrabal, cerca de la Puerta de Guadalajara. Uno de los principales arquitectos reales a principios del reinado de Felipe II es Juan Gómez de Mora. Éste construye, en las cercanías de la Plaza Mayor la sede para la Sala de Alcaldes de la Casa y Corte (actual Ministerio de Exteriores). Felipe II decide llevar a Madrid el estilo de los chapiteles de pizarra, muy populares en la arquitectura holandesa de la época. Estas cubiertas tuvieron gran difusión en la arquitectura castellana, sobre todo en la mdrileña de los siglos XVII y XVIII.


El arquitecto Juan de Herrera inicia las obras del Puente de Segovia, dando paso a la primera entrada monumental a la ciudad. Gracias a Felipe III y su primer ministro, el Duque de Lerma, la ciudad se convirtió en una urbe cortesana. Durante ese período se desarrolla el ubanismo de la ciudad en torno a la Plaza Mayor. Durante su reinado se realizan numerosas construcciones en la ciudad. Se construye, junto al Alcázar, el Real Monasterio de la Encarnación. El Palacio de Uceda se ubica en la calle Mayor, y de esta época también data el Convento de las Carboneras del Corpus Christi.


Durante el reinado de Felipe IV se finalizan las obras del Palacio del Buen Retiro. Entre los edificios religiosos construidos en aquella época podemos mencionar el Colegio Imperial de la Compañía de Jesús y la Iglesia de San Antonio de los Portugueses, como parte del hospital homónimo. 








El período barroco se desarrolla entre el siglo XVII hasta el siglo XVIII. Durante el último período existió una coexistencia entre el barroco de origen extranjero y aquel puramente madrileño, que se reproducirá en los grandes edificios de la ciudad de coomienzos del siglo XX.. Una de las primeras construcciones barrocas de la ciudad es la Iglesia de San Isidro diseñada por Pedro Sánchez. Es el arquitecto Pedro de Ribera que construye el Puente de Toledo. Este mismo arquitecto será también el responsable de construir algunos palacios de Madrid, como el Palacio de Miraflores (1730- 33), el Palacio del Marqués de Ugeda (1730 - 34) o el Palacio del Marqués de Perales (1734), mientras que, entre los templos religiosos, cabe mencionar: Monserrat (1720), el Hospicio de San Fernando (1722) y San Cayetano (1722). 


Durante el reinado de Fernando VI se finalizan las Salesas Reales, obra de Francisco Carlier. En esta época se establece la Real Academia de San Fernando no solo como academia formadora de arquitectos, también cumplía función de jurado permanente sobre las obras artísticas realizadas en Madrid. Su peso y poder en tal sentido se prolongará hasta comienzos del siglo XX.


La entrada de Carlos III supuso un hito en la arquitectura madrileña, siendo Francisco Sabatini se convirtió en el arquitécto de cámara de la corona. Entre sus obras se cuenta la Puerta de Alcalá, la Real Casa de la Aduana, la Real Casa de Correos, la Basílica de San Francisco el Grande y el Palacio de Godoy. El período neoclásico aparece en su mayor esplendor cuando Juan de Villanueva regresa a Madrid. Una de las obras que realizó fue el Jardín Botánico, el Observatorio Astronómico y el Edificio del Museo del Prado.


Entre los arquitectos más representativos de esta época podemos mencionar a Manuel Martín Rodriguez, Juan Antonio Cuervo, Antonio López Aguado y Silvestre Pérez entro otros. Se sabe que, en 1809, existían en Madrid medio centenar de arquitectos y maestros de obra, y un número considerable de personas que, sin haber pasado los exámenes correspondientes, (llamados, comunmente, intrusos) trabajaban como arquitectos.

















domingo, 29 de enero de 2012

Puerta de Alcalá

PUERTA DE ALCALÁ








La Puerta de Alcalá es uno de los monumentos más significativos de Madrid junto con la cercana Fuente de Cibeles. Fue mandada a construir por el rey Carlos III y es obra del arquitecto Francisco Sabatini. Se halla en la Plaza de la Independencia, en el cruce de las calles Alcalá, Alfonso XII, Serrano y Salustiano Olózaga, y junto a la Puerta de España, entrada principal a los Jardines del Retiro. Al igual que la calle en la que se halla, la puerta recibe su nombre por hallarse en el camino que conducía a la localidad de Alcalá de Henares.

Con anterioridad a la actual ya existía otra Puerta de Alcalá. Estaba construida en ladrillo, y se ubicaba algo más al oeste, a la altura de la actual calle Alfonso XI. Fue construida en 1599 con motivo de la llegada de Margarita de Austria, esposa del rey Felipe III, a la ciudad.

La puerta tenía un arco central y dos laterales, más pequeños. Sobre el central había otra pequeña arcada, en la que se ubicaba una estatua de Piedra de Nuestra Señora de las Mercedes. Fue derribada en 1764 al ampliarse la calle de Alcalá con terrenos tomados a lo que actualmente es el Parque del Retiro, entonces perteneciente al Palacio del Buen Retiro. Esa puerta, que servía de acceso a la ciudad por el camino real de Aragón y Cataluña, era una de las cinco principales con que contabala villa, junto a las de Toledo, Segovia, Bilbao y Atocha.




Tras su entrada en Madrid el 9 de diciembre de 1759, a través de la antigua Puerta que no era de su agrado, Carlos III decidió derribarla y construir una nueva, proyecto que se inscribía en sus planes de mejora de la ciudad. Se convirtió en la entrada de la villa y en uno de los monumentos más representativo de su reinado, eje de las reformas que llevó a cabo en toda la zona este de la ciudad: Jardín Botánico, Paseo del Prado, fuentes de Cibeles y Neptuno, etc.

Para la construcción de la nueva Puerta se presentaron distintos proyectos, entre ellos cinco de Ventura Rodriguez y uno de José de Hermosilla, aunque finalmente se eligió el de Sabatini, de estilo neoclásico y de setenta pies de altura. El proyecto original ofrecía dos acabados distintos, uno con pilastras y otros con columnas adosadas. Finalmente se fundieron los dos en uno, es la causa de por que ambas fachadas son distintas. Se inauguró en 1778, no como monumento sino más bien como auténtica Puerta, ya que a ambos lados de ella seguía existiendo la cerca que delimitaba la ciudad por el este y que seguiría en pie hasta 1869, año en que se remodeló la plaza.

La puerta se configura a modo de arco de triunfo, pero con cinco huecos (tres de medio punto de mayor tamaño para carruajes, flanqueados por dos menores aditelados peatonales). A pesar de su apariencia simétrica, y como es frecuente en puertas de entrada a ciudades, presenta notables diferencias entre la fachada interior y la exterior, dirigida a Oriente, que se trató con mayor riqueza por ser la primera imagen que los viajeros procedentes del Reino de Aragón veían de la villa y de la Corte.




De acuerdo con este criterio está presente un cuerpo bajo formado por un muro almohadillado dividido en cinco tramo mediante semicolumnas adosadas de estilo jónico sobre pedestales, con el fuste liso y los capiteles trazados sobre los que diseñara en 1538 Miguel Ángel Buonarotti para los palacios capitolinos de Roma. Los tramos de los extremos presentan varios adintelados coronados por una línea de imposta que dibuja sendos recuadros superiores, centrados por bajorrelieves rectangulares de piedra caliza tallados con guirnaldasde frutas,los inmediatos a éstos se abren en arcos de medio punto que nacen a la altura de la imposta  anteriormente mencionada, con decoraciones de mascardones grotescos al igual que el central que, para realzar su importancia sobresale y se flanquea por parejas de semicolumnas añadidas a las anteriores. Sobre este cuerpo bajo se desarrolla un entablamente corrido (con arquitrable, friso liso y cornisa), sobre el que descansa un basamento del que se destacan con cuatro pedestales y alineados con las cuatro semicolumnas inferiores que soportan otras figuras de niños con los emblemas de las cuatro virtudes: Fortaleza, Templanza, Justicia y Prudencia.

La fachada interior e similar a la anterior, pero con leves diferencias: en loos laterales se sustituyen las semicolumnas por pilastras mientras que los recuadros presentan parejas de cornucopias en lugar de guirnaldas, los mascarones de las claves se convierten en cabezas de leones y los niños del ático en imponentes trofeos militares de estilo romano con corazas, yelmos, banderastambores, flechas, etc, y hasta  un obelisco. Por su parte, el cuerpo central, en vez de semicolumnas presenta una combinación de retropilastras con semicolumnas superpuestas , sobre las que se apoyan las lesenas del ático, que flanquean una lápida  que repite la incripción: REGE CAROLO III/ANNO/ MDCCLXXVIII en letras de bronce.

La construcción está ejecutiada integramente en granito segoviano, reservandose la piedra caliza de Colmenar de Oreja para los elementos decorativos que exigen una talla más delicada: bases, cpiteles, impostas, cartelas, lápidas, trofeos, escuadras y figuras.