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martes, 20 de agosto de 2013

Antonio Gaudí: Casa Milà (La Pedrera)



La casa Milà, llamada popularmente La Pedrera es un edificio modernista obra del arquitecto Antonio Gaudí, construido entre los años 1906 y 1910. La casa fue edificada por encargo del matrimonio Pere Milà y Camps y Roser Seguimon i Artells. Desde su apertura al público en 1987 ha recibido más de 20 millones de visitas, convirtiéndola en uno de los diez lugares más visitados de Barcelona.

La Casa Milà es un reflejo de la plenitud artística de Gaudí: pertenece a su etapa naturalista (primera década del siglo XX), período en que el arquitecto perfecciona su estilo personal, inspirándose en las formas orgánicas de la naturaleza, para lo que puso en práctica toda una serie de nuevas soluciones estructurales originadas en los profundos análisis efectuados por él mismo de la geometría reglada. A ello añade una gran libertad creativa y una imaginativa creación ornamental: partiendo de cierto barroquismo sus obras adquieren gran riqueza estructural, de formas y volúmenes desprovistos de rigidez racionalista.

La Casa Milà se encuentra en un chaflán del Paseo de Gracia con la calle Provenza, ocupada anteriormente por un chalet que hacía frontera entre los municipios de Barcelona y Gracia, antes de la anexión de esta villa a la ciudad condal en 1897. La zona se ubicaba en pleno ensanche de Barcelona proyectado por Idelfondo Cerdà y aprobado en 1859, con un sistema reticular de manzanas de viviendas con los ángulos recortados, con la previsión de edificar por  dos lados y dedicar el reto a jardines, lo que finalmente no se llevó a cabo. 

En este contexto Gaudí recibió el encargo de construir una casa señorial de parte de Pere Milà i Camps, un rico empresario, cuyo padre había forjado su fortuna en la industria textil. El proyecto de Milà era construir un edificio de grandes dimensiones, destinar el piso principal para su propia residencia y el resto en régimen de alquiler, algo habitual en la época. Asimismo la planta baja, en su parte exterior fue destinada a tiendas, siendo la primera una sastrería abierta en 1928. El 2 de febrero de 1906 se presentaron los planos en el Ayuntamiento y se solicitó el permiso de obras. La construcción sufrió diversos retrasos, ya que el edificio superó en anchura y altura a lo establecido en las ordenanzas municipales, por lo que se impuso a Pere Milà varias multas. Además Gaudí abandonó la dirección de obras en 1909 por divergencias con Pere Mlià respecto a la decoración de interiores. 





El edificio se construyó sobre un solar de 34 por 56 metros, con 1835 metros cuadrados de superficie. Consta de seis plantas articuladas alrededor de dos patios interiores, uno circular y el otro oval, más un sótano, un desván y la azotea. Esta estructura acoge dos edificios adosados independientes, cada uno con su propia puerta de acceso y su propio patio de luces que están comunicados únicamente en la planta baja. Sin embargo, la fachada presenta una estructura unitaria y común a ambos edificios. Las paredes divisorias  no tienen función estructural, por lo que su diseño varía de una planta a otra. La estructura interior de pilares y jácenas conecta con la exterior de piedra mediante unas vigas metálicas curvadas a todo lo largo del perímetro de cada planta.

La fachada tampoco cumple una función estructural, sino de revestimiento, por lo que su diseño y ornamentación presentan una acusada libertad creativa, con formas ondulantes que evocan el oleaje marino y generan diversas sensaciones lumínicas según la hora del día. Los balcones son de hierro forjado, con una decoración de motivos abstractos y fitomorfos. Antonio Gaudí  diseño un tipo de baldosas hexagonales de cerámica para situar en el pavimento de la calle, también con motivos marinos.

El conjunto, por lo innovador, es una típica obra gaudiniana en la que las líneas geométricas son solo rectas formando planos curvos. Toda su fachada está realizada en piedra calcárea, salvo la parte superior, cubierta de azulejos blancos, evocando la vista de una montaña nevada. En la azotea se encuentran grandes salidas de escalera rematadas con la cruz gaudianiana de cuatro brazos y chimeneas recubiertas de fragmentos de cerámica, con la apariencia de cabezas de guerreros protegidas por yelmos. 

La decoración interior corrió a cargo de Joseph Maria Jujol y de los pìntores Aleix Caplás, Iu Pascual, Xavier Nogués y Teresa Lostau. En el terreno escultórico trabajaron Carles Mani y Joan Matamala, autores de las inscripciones en relieve de la fachada, así como las columnas de la planta principal y otros elementos decorativos. Se encuentran a menudo detalles ornamentales marinos, como los falsos techos de yeso que simulan olas de mar, así como pulpos caracoles y flora marina.





La Casa Milà tiene tres fachadas. Las tres presentan una continuidad formal y estilística que, por la forma suntuosa y ondulada, se asemeja a una roca modelada por las olas del mar. El conjunto de entrantes y salientes imprime un dinamismo al conjunto que le otorga la sensación de estar en movimiento, a la vez que crea un juego de luces y sombras en constantes cambios según la hora del día o posición del espectador. Además de las formas ondulantes de los muros de la fachada, la presencia de 33 balcones de hierro forjado, con una original forma similar a algas marinas, convierten el conjunto en una obra casi escultórica de gran tamaño. 

Las tres fachadas, de 30 metros del altura, contienen 150 ventanas con diferentes soluciones estructurales, formas y tamaños, siendo más grandes las inferiores  y m´s pequeñas las superiores que reciben más luz. La piedra utilizada para su construcción tiene dos precedencias, una más dura en la parte inferior y otra menos dura en la parte superior. Ambas dan un acabado en color blanco crema que genera diversas tonalidades según la luz incidente y están acabadas con una textura rugosa que le proporciona un aspecto orgánico.

El interior de la Casa Milà está diseñada de forma funcional para una comunicación fluida entre las diversas partes del edificio. Para ello, la planta baja presenta dos accesos con vestíbulos que comunican exterior e interior y que conectan con los dos patios de luces, favoreciendo el tránsito interior entre las dos zonas del edificio. Para el acceso a las viviendas Gaudí priorizó el uso de ascensores, reservando las escaleras para el acceso auxiliar y para servicios comunes. 

Las dos puertas de entrada están realizadas en hierro forjado y vidrio, de tal forma que actúan a la vez como puerta y como verja de seguridad. Su diseño es orgánico, con una serie de estructuras de diversas formas que pueden recordar diversos diseños elaborados por la naturaleza, como caparazones de tortuga, alas de mariposa o tejidos celulares. Su estructura amplia y diáfana permite el paso de luz con facilidad, e ilumina con profusión los vestíbulos interiores.





El acceso a las viviendas se articula a través de dos grandes patios de luces que permiten una amplia iluminación y ventilación para todos los pisos. La cara interna de los pisos presenta una nueva fachada con amplios ventanales y barandillas de hierro, con un sistema de columnas cilíndricas en los dos primeros pisos, sustituidas por mampostería revocada en los superiores. Es de destacar la decoración de las paredes, pintadas con tonalidades de ocre y amarillo y presentan algunos murales de intenso cromatismo, con diversos diseños inspirados en diseños florales y tapices flamencos, realizados en su mayor parte por Xavier Nogués. 

La estructura de pisos de la Casa Milà arranca de un sótano destinado a garaje, al cual se accede desde los vestíbulos de la entrada por unas rampas de forma helicoidal, que salvan un desnivel de 4,70 metros. Presenta una estructura de 90 columnas de piedra, hierro y ladrillo que sostienen el edificio. Esta planta contenía además la sala de máquinas para la calefacción, así como diversas zonas de servicios comunes. Los pisos de viviendas fueron diseñados por Gaudí de tal forma que pudiesen amoldarse fácilmente a las necesidades de los inquilinos, ya que al no tener muros de carga los espacios son intercambiables y adaptables. 

La decoración de la vivienda principal fue una de las más lujosas y detalladas de todo el edificio, a cargo de Josep Maria Jujol, quien diseñó el mobiliario y diversos elementos decorativos, así como algunos detalles en relieve en columnas y techos, siempre bajo la supervisión de Gaudí. En los cielos rasos y las molduras, elaborados en yeso, Jujol realizó varios diseños abstractos o de inspiración naturista, como ondulaciones marinas, así como diversas figuras, símbolos e inscripciones.

El resto de viviendas destinadas a alquiler fueron proyectadas por Gaudí con el mismo esmero, por lo que cuidó hasta el último detalle e intervino en numerosos casos en elementos decorativos y mobiliario. Gaudí incluyó para todas ellas todos los adelantos y comodidades para la época, como luz eléctrica, calefacción y agua caliente. El arquitecto cuidó al máximo todos los detalles, especialmente puertas y ventanas diseñadas con un estilo ornamental plenamente modernista, tal como dictaban los cánones de la época. Por lo general estos diseños tenían inspiración orgánica, como gotas de agua, remolinos, medusas, estrellas de mar, algas y flores. Otro elemento destacado son las molduras de yeso en los marcos de las puertas y en los arcos interiores de las viviendas, con diversos diseños con formas orgánicas o abstractas.




El edificio se encuentra coronado por una azotea situada sobre el desván, donde Gaudí situó las salidas de escalera, las chimeneas y las torres de ventilación, que por sus originales formas y diseño innovador crean un auténtico jardín de esculturas al aire libre. La terraza está compuesta de varias secciones de diferentes volúmenes y niveles, cuyos desfases están comunicados por pequeños tramos de escaleras que crean un espacio de singular originalidad, funcional y estético. Estos desniveles de la azotea se deben a la distinta altura de los arcos del desván, lo que genera una terraza de formas sinuosas que, junto al diseño de corte fantástico de los elementos verticales genera un espacio singular y original que ha provocado multitud de interpretaciones por parte de escritores, historiadores y críticos de arte.

En la azotea se encuentran un total de 30 chimeneas, 2 torres de ventilación y seis salidas de escalera, diseñadas con diferentes soluciones estilísticas. Las salidas de escalera parten del desván a través de unos cuerpos cilíndricos  que albergan escaleras de caracol y que en la azotea se convierten en pequeñas torres de forma cónica, construidas en ladrillo revocado de mortero de cal, con un revestimiento de trencadis(diseño compuesto por piezas de cerámica) las cuatro que dan a la calle, mientras que aquellas que dan al interior de la manzana tienen un acabado de estuco ocre. Todas las salidas de escalera están rematadas con la cruz gaudiniana, aunque con un diseño diferente para cada torre.

Por último, las chimeneas son uno de los elementos más famosos y singulares de la azotea y que más  generado todo tipo de hipótesis sobre su origen y simbolismo. Hay un total de 30 chimeneas, dispuestas en grupos o de forma individual y esparcidas a todo lo largo de la terraza. Construidas en ladrillo revocado de mortero de color ocre, presentan un cuerpo que gira sobre si mismo en forma helicoidal y rematados por una pequeña cúpula que, en la mayoría de los casos tiene una forma parecida a un casco de guerrero, aunque hay algunas pocas con distinto diseño, como algunas que se asemejan a una copa de un árbol, elaboradas con trozos de botellas de cava de color verde. en una de las chimeneas Gaudí situó un corazón que apunta hacia Reus, su lugar de nacimiento, mientras que en el otro lado un corazón y una lágrimaapuntan hacia la Sagrada Familia, hecho que algunos expertos interpretan como una señal de tristeza por no poder verla acabada. La forma de las chimeneas ha sido reproducida en numerosos elementos relativos a Gaudí, como en los soldados romanos del grupo de la Verónica, situados en la fachada de la Pasión de la Sagrada Familia, que el escultor Josep Maria Subirachs realizó en homenaje al arquitecto. Asimismo este elemento iconográfico fue el elegido para elaborar las estatuillas de los Premios Gaudí que imparte anualmente la Academia de Cine Catalán y que consiste en unas figuras de bronce de 35 cm de altura, diseñados por Montserrat Ribé , partiendo de las formas gaudinianas presentes en la azotea de La Pedrera. 





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