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lunes, 5 de noviembre de 2012

Iglesia Abacial de Sainte Foy



La iglesia abacial de Sainte Foy de Conques es una iglesia abacial situada en la comuna francesa de Conques, en el departamento de Aveyron. Es considerada una pieza maestra de la arquitectura románica del sur de Francia, siendo especialmente célebre por su tímpano y por su tesoro que incluye obras de arte únicas datadas en el período carolingio. El interior se presenta decorado con vitrales de Pierre Soulages. Esta abadía fue fundada por el abad Dadon bajo la protección de Carlomagno. 

La construcción de la abadía fue iniciada entre 1041 y 1052 por el abad Ordorlic, quedando su cabecera finalizada antes de 1065. Posteriormente los trabajos languidecieron un tanto y la nave no fue concluida a principios del siglo XII, lo que la enmarca dentro del arte y arquitectura románica. Es posible que el monumento haya sido modificado en pleno trabajo de construcción.

Ha sido construida siguiendo una planta clásica en cruz, si bien debido a la configuración del terreno en pendiente el transepto es más largo que la nave. Las dos torres de fachada datan del siglo XIX.

Por su arquitectura la iglesia abacial se relaciona con una serie de cinco edificios: la basílica de Saint Martin de Tours, Saint Martial de Limoges, Saint Sernin de Toulouse y la Catedral de Santiago de Compostela presentando un conjunto de características comunes: planta con deambulatorio y capillas radiales y transepto provisto de naves laterales para facilitar la circulación de los peregrinos. Estos rasgos comunes se extienden igualmente a la elevación y al sistema de contrafuertes.

En la fachada occidental una profunda arquivola de bóveda de cañón con arco de medio punto acoge al tímpano del Juicio Final, una de las obras fundamentales de la escultura románica en Francia por sus cualidades artísticas, su originalidad y por las propias dimensiones de la obra. En el conjunto aparecen 124 personajes y está dividido en tres niveles distintos.





El interior de esta iglesia abacial es de una enorme simplicidad: la bóveda, muy alta, es de 22 metros de altura, el coro está rodeado por un deambulatrio que permite a los fieles desfilar alrededor de las reliquias. El deambuatorio está provisto de espléndidas rejas fechadas en el siglo XII. La sacristía está decorada con frescos del siglo XV que muestran escenas del martirio de la santa. Al fondo del transepto izquierdo podemos admirar un altorrelieve que representa la Anunciación, esculpido por el mismo artista que ejecutó el tímpano. Los vitrales de la iglesia, obra de Pierre Soulages, otorgan un aspecto contemporáneo a la atmósfera sobria y recogida del edificio.

Los capitales constituyen un magnífico ejemplo de arte romántico. El más antiguo de dichos capiteles parece ser aquel que nos presenta a San Pedro crucificado cabeza hacia abajo. Igualmente existen capiteles entrelazados. También son destacables los temas iconográficos relativos a las cruzadas.

Al sur de la iglesia subsisten algunos vestigios del claustro, desaparecido en el siglo XIX, entre ellos seis vanos geminados en la galería occidental. El lugar fue utilizado durante mucho tiempo como fuente de suministro de piedras para la construcción de las casas del pueblo de Conques.

La construcción del claustro entre los siglos XI y XII comportó una auténtica floración de capiteles. Diecinueve de ellos siguen aun en la galería occidental junto al antiguo refectorio. Otros se encuentran exhibidos en el museo de lápidas. Algunos de ellos desaparecieron a raíz de la ruina y destrucción del claustro, hacia el año 1830.




Expuesto en el antiguo refectorio de los monjes, la sección de orfebrería religiosa es la más completa de las colecciones de orfebrería religiosa francesas, abarcando desde el siglo IX hasta el siglo XVI, incluyendo especialmente relicarios manufacturados por artistas locales fechados en el siglo XI.

La pieza estrella del tesoro es la estatua relicario de Santa Fe, la que está en el origen de la prosperidad de la abadía y cuya reliquia fue robada en la ciudad de Agen. Fechada en el siglo X, está compuesta por placas de oro y plata sobre un bastimento de madera. Con el transcurso de los años se le han añadido varias joyas. 

Puede admirarse también la A de Carlomagno en plata dorada recubierta de madera. Según cuenta la tradición legendaria el emperador habría dotado a cada abadía con una letra del alfabeto, atribuyendo a la de Conques la letra A como símbolo de su excelencia. Otros tesoros a admirar son el relicario de Pipino, la linterna de Begon o el brazo relicario de Sainte Georges. Todos estos tesoros de la arquitectura y la orfebrería no hubieran sobrevivido a nuestros días de no ser por la protección dispersada por Prosper Mérimée.





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