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viernes, 13 de abril de 2012

Brasilia




Brasilia, capital federal de Brasil, es la sede del gobierno del Distrito Federal, localizada en la parte central del país. Tiene una población de 2.562.936 de habitantes según las estimaciones del censo de 2010, y es sede del gobierno federal. Algunos de sus edificios gubernamentales son: Palacio de Planalto (sede del poder ejecutivo), el Supremo Tribunal Federal de Brasil, y el Congreso Nacional de Brasil, obras del arquitecto Oscar Niemeyer.

La construcción de la ciudad comenzó en 1956, siendo Lúcio Costa el principal urbanista y Oscar Niemeyer el principal arquitecto. En 1960 se convirtió oficialmente en la capital del Brasil. Junto a Putrajaya (la capital administrativa de Malasia) y Naypydaw (nueva capital de Birmania) es una de las ciudades capitales de más reciente construcción en el mundo. En 1987 la Unesco declaró a la ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad, siendo la única ciudad construida durante el siglo XX en recibir tal honor.

En 1716 el Marqués de Pombal menciona, siendo el primer registro histórico, la necesidad de interiorizar la capital de la entonces colonia portuguesa de Brasil y establecer una sede administrativa lejos de la costa del Océano Atlántico. Años después, en 1821, el líder independentista José Bonifácio sugiere el nombre de Brasilia para una futura capital brasileña.

La idea de edificar la nueva capital en las regiones del interior había sido incluso recogida en la primera Constitución republicana de 1891 en el siglo XIX. Brasil previamente tenía dos ciudades capitales: Río de Janeiro y Salvador de Bahía, situados en la costa atlántica y vinculados desde antiguo al poder colonial portugués. Al trasladar la capital hacia el interior, el gobierno de Brasil pretendía ayudar a poblar aquella zona del país, atrayendo habitantes de las zonas más pobladas, mediante el traslado de la administración pública hacia las áreas rurales.







El primer paso para la construcción de una nueva capital en el interior del país fue la selección de la ubicación de la nueva ciudad, para la cual se eligió, a mediados de 1956, una extensa meseta en la zona sureste del estado de Goiás. Las obras de construcción se iniciaron el 23 de octubre de dicho año, y conforme se concluían los edificios administrativos, diversas entidades gubernamentales (y sus integrantes) se trasladaban a la nueva ciudad. El arquitecto Luicio Cósta ganó el concurso para el diseño de la nueva urbe, siendo el principal urbanista de la ciudad. Oscar Niemeyer, uno de sus amigos más cercanos fue el principal arquitecto de la mayoría de los edificios públicos, mientras que Roberto Burle Marx fue el paisajista. 


La idea de Lucio Costa se basa en el esquema más antiguo que se conoce: la cruz. Creó dos direcciones principales, una urbana y la otra destinada al tráfico, que marcan una clara distinción entre la zona ejecutiva y la residencial.


En la dirección que va desde la Plaza de los Tres Poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) a la estación de ferrocarril, se encuentran la catedral,los ministerios, los bancos, los edificios comerciales, los sectores recreativo-culturales, con el centro televisivo y deportivo, y finalmente la plaza municipal y los cuarteles.


Los barrios residenciales, dispuestos en franjas a lo largo del eje longitudinal, ligeramente curvo, aparecen como una sucesión de cuadrados en los que se incluyen, además de los edificios para viviendas, una escuela elemental, un liceo o colegio, una capilla, un mercado y un supermercado, la agrupación de cuatro cuadrados constituye un barrio.






En la franja exterior de esos cuadrados de la zona residencial se encuentra la ciudad universitaria, y las embajadas, y más allá de éstas, las casas individuales, la estación de autoservicio, el yacht-club, el campo de golf y la residencia privada del presidente. Las zonas externas de las alas residenciales se destinan al jardín botánico y al parque zoológico , además de espacios para campos de equitación  y otros para la celebración de ferias. 


La imagen de esta ciudad enorme, no congestionada, cuya amplitud transmite al visitante la concepción de un tiempo y de un espacio que se van más allá de nuestras dimensiones habituales. Proyectadas hacia el futuro, tales dimensiones solo nos parecen comprensibles si se tienen en cuenta las del propio Brasil. Esta nación enorme, llena de desequilibrios y de posibilidades, con ciento ochenta millones de habitantes únicamente, con zonas todavía inexploradas, un subsuelo riquísimo y una vivaz cultura en formación, ha encontrado un primer desarrollo original en la arquitectura modera, que ha producido, y continúa haciéndolo, personajes de gran categoría. Esta es la razón por la que Brasilia ha representado la gran ocasión de la moderna arquitectura brasileña, el gran experimento, una experiencia crucial en el proceso de transformación de Brasil.


El aspecto monumental es el denominador común de todos los edificios del conjunto, este carácter no está vinculado a cada una de las construcciones en particular, sino a la relación que entre ellas existe, junto a la naturaleza circundante y al elemento luz . Estas complejas relaciones crean un espacio casi irreal, de sueño. Cada arquitectura presenta el raro encanto de volúmenes geométricos situados en un plano sobre el que rueda la luz. 


En 1956, el entonces presidente Kubicheck, empeña sus mejores energías en la fundación de Brasilia, y Niemeyer, nombrado superintendente técnico del ente para la edificación de la nueva ciudad, recibe el encargo de crear la nueva residencia presidencial y el hotel para huéspedes oficiales. Al proyectar los edificios de Brasilia, Niemeyer siguió los mismos criterios que inspiraron el plan urbanístico de Lucio Costa: cada uno de tales edificios nace de un punto formal muy simple, elemental, desarrollado con gran sobriedad en sus detalles constructivos. 








A menudo la estructura sustentadora no tiene ninguna relación con elementos decorativos característicos: el componente ornamental procede no de la observación particular próxima, sino de la relación del edificio con la nueva escala, verdaderamente inusitada, del espacio circundante, que obliga a observarlo, dado su excepcional amplitud, desde distancias mucho mayores de los que hasta entonces habían sido habituales.


El Palacio del Parlamento (o del Congreso Nacional) está situado en el vértice de una triangular Plaza de los Tres Poderes, a ambos lados se levantan el Tribunal Supremo y la Sede del Poder Ejecutivo. De todas las construcciones es el Palacio del Parlamento la más grande y articulada, compuesta de dos partes bien diferenciadas: un edificio horizontal de tres pisos, con un frente de doscientos metros, que alberga al Senado, ubicada en una media esfera, y la Cámara de los Diputados, situada en la otra semiesfera, más amplia e invertida. Como es de suponer, a este articulado conjunto hay que añadir todos los servicios que, como es natural, son completos y numerosos. Más abajo, gracias a un elaborado sistema de distribución, se desarrollan las actividades de los diputados, el personal de la imprenta y el público. 


Entre las dos medias esferas se levanta un rascacielos, circundado por un gran estanque. En dicho rascacielos se encuentran las oficinas de los órganos legislativos, distribuidas en tres pisos bajo el nivel de la plataforma y otros veinticinco pisos superiores. Es característica la forma de "H" (que incluso se puede observar desde un avión), la barra horizontal de dicha "H", constituye una especie de puente que une los dos cuerpos independientes del edificio. Para tener una idea de la grandiosa escala de esta construcción, bastará tener en cuenta que en la cúpula invertida de la cámara encuentran cabida unos 700 diputados, 1000 senadores, 200 periodista y unos 1000 espectadores. 


Las dos cúpulas cubren una gran plataforma horizontal, como una suspendida plaza futurista, a la que se puede llegar a través de una rampa aérea frontal y unida a las calles laterales elevadas. La ausencia de parapeto acentúa la pureza de sus líneas, y el conjunto, aunque de enormes proporciones, parece ligero, sugestivo efecto conseguido por la concentración de la luz del sol sobre la fina lámina, mientras que la parte inferior, atrasada y vidriada, permanece en la penumbra. Más allá de estos tres edificios se abre la Plaza de los Tres Poderes y el horizonte.


La plaza, inmensa, es para muchos brasileños el símbolo del futuro de su país, como también lo es la línea horizontal conínua, lejana y azul que corre tras la ciudad y que no esconde, sino que valoriza. Toda la arquitectura de Brasilia es horizontal, pero siempre destacada del suelo, de forma que, a través de los inmensos pilotis, nunca deja de verse el lejano horizonte de la gran llanura en la que se ha creado esta moderna capital.






1 comentario:

  1. Muchas gracias, me sirvió de mucha ayuda para un proyecto escolar :))

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