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viernes, 20 de abril de 2012

Palais de Versalles





El palacio de Versalles es un edificio que desempeñó las funciones de una residencia real en siglos pasados. Su construcción fue ordenada por Luis XIV, y constituye el complejo arquitectónico más importante de Europa.

Con sus tres palacios, sus jardines y su parque, Versalles es un dominio inmenso. Si bien Luis XIII hizo edificar allí un pabellón de caza con un jardín, Luis XIV es su verdadero creador, ya que le dio su amplitud y determinó su destino. Luis XIV decidió dejar París y construir Versalles como una pequeña ciudad alejada de los problemas. Su construcción se divide en tres etapas, ellas son:

  • Primera etapa (1661 - 1668): Al palacete de caza original de Luis XIII se le agregaron dos alas laterales que, al cerrarse, conforman la plaza de armas. Son fachadas de ladrillo, y unifican la cubierta usando la pizarra y las mansardas.
  • Segunda etapa (1668 - 1678): Luis XIV pretende trasladar definitivamente la corte a Versalles. Añaden las dos alas laterales para dar prioridad al jardñin, realizado por André Le Nôtre. La fachada que da al jardín está construida según el modelo italiano.
  • Tercera y última etapa (1678 - 1692): E esta ampliación se construyó la capilla real. Situada en el ala norte del palacio fue construida en dos alturas.
El jardín de Versalles es clasicista, ordenado, racionalizado. Con el paisajismo se obliga a la circulación. Crea una organización que relaciona todas las esculturas y fuentes, ensalzando aquella monarquía. 

Tres siglos después de su creación el dominio sigue siendo considerable, pues cuenta con 800 hectáreas, 20 kilómetros de caminos, 200.000 árboles, 35 kilómetros de canalizaciones, 11 hectáreas de techumbre, 2153 ventanas y 67 escaleras. El conjunto del Palacio y jardines de Versalles, incluyendo el Gran y el Pequeño Trianón, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1979.

El origen de este palacio está en un pabellón de caza construido por Phillibert le Roy para Luis XIII. Luis XIV lo utilizó inicialmente para retirarse a el con su favorita fuera de los comentarios de la corte. No obstante, se vio atraído por este paraje y realizó tres ampliaciones, que coincidieron con momentos personales y políticos, hasta que, en 1710 concluyó la primera gran reforma que le proporcionó el aspecto actual, aunque con algunas diferencias. 




La primera reforma supuso el embellecimiento del patio central, así como la construcción de nuevos pabellones para invitados, establos y cocinas. La segunda ampliación fue más importante, y, tras desechar la idea de demoler el palacio primitivo para la construcción de uno nuevo, se optó por conservar la parte original del palacio  (el patio de mármol), haciendo una especie de envoltura de los mismos hacia los jardines. La tercera y última ampliación fue la mayor de todas y supuso triplicar la superficie del palacio mediante la construcción de dos alas laterales, así como la reconstrucción de la fachada al parque construida anteriormente. El resultado fue un palacio con una longitud de casi 500 metros.

La distribución interior ha cambiado durante los siglos. La decoración original corrió a cargo de Le Brun, el cual le confirió un aspecto triunfal. La obra cumbre de Le Bun en el palacio es la denominada Galería de los Espejos, escoltada por dos salones no menos importantes, el salón de la guerra y el de la paz. Esta galería ocupa el cuerpo central de la fachada del parque. Las salas más importantes son las estancias de estado, dedicadas cada una a un planeta y a una correspondiente divinidad de la antigüedad, destacando las de Venus, Diana y Hércules, decorados con mármoles policromos.

Una de las obras maestras perdidas es el primitiva y grandiosa escalera de embajadores que se fue deteriorando con el paso del tiempo y que con el elevado costo de restauración, en el siglo XVIII se optó por demolerla y sustituirla por otra de escaso o nulo interés. Más actuales son los aposentos interiores del rey, de carácter privado, mientras que los aposentos de la reina están tal cual los dejara María Antonieta, destacando la escalera de la reina que conserva la decoración original de mármoles y trompe-l'oeil. 




Los aposentos del delfín, en la plantra baja, son un prodigio de finura decorativa, ya que están decorados con exquisitos boisieres policromos, como los de la biblioteca o del gabinete interior de la delfina. En el ala norte lateral destacan la capilla palatina y la ópera de una enorme belleza y que aun hoy siguen utilizándose. En el ala sur, y ya en el siglo XIX, el rey Luis Felipe construyó la galería de las batallas, en la que se hace un repaso de la historia de Francia a través de diversos artistas. A lo largo del palacio existen otros muchos salones  y cuartos que no desmerecen el conjunto.

En cuanto al parque, nos encontramos con otra obra maestra. Los jardines concebidos como una extensión de las salas del propio palacio son de estilo francés y muestran el triunfo del hombre sobre la naturaleza, dominándola y obligándola a desarrollarse donde y como deseaba la voluntad humana y que a medida que se aleja del palacio del rey, se le va dejando mayor libertad, hasta llegar a la naturaleza salvaje en el extremo del conjunto. Dentro del parque se encuentran infinidad de fuentes, como la de Ceres o la de los baños de Apolo. Existen asimismo dos pabellones de especial belleza, el Gan Trianón y el Pequeño Trianón, construidos por Luis XIV y Luis XV para sus favoritas.

El palacio de Versalles se convirtió en el modelo a imitar por todas las cortes de Europa. De hecho, algunos soberanos ante la imposibilidad de igualar Versalles, optaron por reconstruirlo en sus países, creando réplicas casi exactas, como, por ejemplo, Luis II de Baviera. Actualmente el palacio se utiliza en determinados eventos de Estado, siendo, además la sede de la Asamblea Nacional Francesa, que se reunen en él para los grandes temas de estado como las reformas constitucionales. 






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