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miércoles, 8 de febrero de 2012

León Battista Alberti


LEÓN BATTISTA ALBERTI








Tras los inicios innovadores de Brunelleschi en Florencia, Alberti (1404 - 1472) fue el arquitecto destinado a extender fuera de Toscana el estilo nuevo de arquitectura. Alberti es un teórico que representa el saber universal del genio renacentista, anticipando en medio signo la aparición de Leonardo. Sobresalió en todas las artes, desde el atletismo a la música, ideó artilugios mecánicos y dedicó tratados a todas las artes.

De familia desterrada pero florentina, Alberti reunía a los conocimientos técnicos una vasta erudición, y además de sus construcciones propagó el estilo con sus escritos. Sin un instinto arquitectónico tan extremado como el de Brunelleschi, era también muy práctico en construcción, conocía los escritos técnicos de los antiguos y tenía un gusto refinado para combinar elementos decorativos. El aspecto más innovador de sus propuestas consiste en mezclar lo antiguo con lo moderno. Según el propio Alberti: El artista en este contexto social no debe ser un simple artesano, sino un intelectual preparado en todas las disciplinas y en todos los terrenos. Como hombre de erudición humanista, no solo trabajó en Florencia para la alta burguesía toscana, sino que estuvo al servicio de los mecenas más importantes de su época.


Frente a Brunelleschi, al que se considera un práctico, Alberti es un diseñador teórico  y especialista en remodelar edificios viejos. Su influjo fue más importante como teórico compaginando las enseñanzas de Vitrubio con las nuevas tendencias renacentistas. Su arquitectura se basa en las relaciones matemáticas (proporción áurea), en la proporción, en el número y en la extrema monumentalidad. Sus principales edificios son religiosos y sus primeros encargos remodelaciones de edificios medievales, enmascarándolas con portadas renacentistas. los temas ornamentales de la antigüedad no eran suficientes para estas arquitecturas del humanismo, llenas de conceptos intelectuales de un sentido nuevo que hubira resultado más bien extraño para los antiguos.




Alberti fue el primer teórico artístico del Renacimiento, una figura emblemática por su dedicación a las más variadas disciplinas. Se mostró constantemente interesado por la búsqueda de reglas, tanto teóricas como prácticas, capaces de orientar el trabajo de los artistas. En 1436 publica De Pictura, onra en la que trata de acercarse a la pintura de Masaccio, Brunelleschi, Lippi y los innovadores florentinos, tratando de dar reglas sistemáticas a las artes figurativas, especialmente las geométricas y los colores, proporciona la primera definición de la perspectiva científica. Más adelante, en 1450, publica De re aedificatoria, completo tratado de arquitectura en todos los aspectos teóricos y prácticos relativos a la profesión. Se trata de una obra dirigida fundamentalmente al gran público con formación humanística, tomando como modelo los Diez libros de Arquitectura de Vitrubio. En las páginas de esta obra defiende, por primera vez, el trabajo intelectual del arquitecto como dibujante de planos e inventor de maquetas. Su misión será la de concebir mentalmente el edificio, confiando su ejecución material a los maestros de obras y albañiles. Por último, de 1464 es su tratado De statua, en la que define la escultura y expone las proporciones del cuerpo humano. 


Por encargo de la familia Gonzaga construyó la iglesia de San Andrés de Mantua, simplemente como una planta de cruz latina y una sola nave con una gran bóveda y cúpula en el crucero. En San Andrés, el esfuerzo de la bóveda de medio punto sobre la nave se halla contrarrestado por las capillas laterales. La idea de Brunelleschi de construir de construir las iglesias según el tipo de las basílicas clásicas de techo plano aparece rectificado por esta solución de Alberti. Buscará sus modelos en las construcciones abovedadas de las grandes termas romanas que permiten dar mayor anchura a las naves. 


La voluntad de introducir elementos de la antigüedad queda patente en su fachada, concebida como un arco de triunfo y apeada sobre un podio, al igual que los templos romanos. Armonizó las proporciones de la colosal de la gran portada, simultaneando el orden gigante en las pilastras de las calles laterales con el orden normal en las pilastras del arco principal. San Andrés de Mantua, aunque desfigurado en la actualidad por una profunda decoración interior, es un monumento de importancia decisiva, cuya disposición será imitada por todas las iglesias renacentistas y barrocas.


El primer trabajo que hizo en Mantua fue la iglesia de San Sebastián cuya construcción es comenzada en 1460. Esta iglesia era privada para la familia Gonzaga, tiene planta de cruz griega, dividida en dos pisos, uno de los cuales es enterrado, con tres barzos absidiados alrededor de un cuerpo cúbico.








San Francesco de Rímini, también conocido como Templo Malatesiano fue gravemente dañado por los bombardeos de 1943 y 44, es considerado uno de los edificios más extraordinarios de la época. El tirano Malatesta deseaba reunir en este edificio las cenizas de sus antespasados, las suyas propias y la de su amada Isotta, además de aquellas de los artistas que honraban su corte.


Lo extraordinario de esta construcción es que prácticamente carece de decoración, únicamente en las fachadas laterales existen los nichos en arcos de medio punto para los sarcófagos de los capitanes que acompañaron a Malastesa en sus campañas, su bufón , su cronista y músico y su poeta áulico. Esta serie de arcadas ciegas separadas por fuertes pilares recuerda más que cualquier otra construcción del siglo XV la arquitectura romana de los Flavios. La fachada principal del Templo de Rímini fue  la primera de Europa en la que el arco de triunfo romano se utilizó para la arquitectura religiosa.


Todo en el Templo Malastesiano revela la gran renovación de conceptos que se realizaba a comienzos del Renacimiento. La verdadera maravilla del Templo de Rímini es, sin dudas, su decoración: los relieves policromados con los colores del blasón de los Malatesta (azul y plata) contrastan con las partes de mármol de blanco natural. 








Trabajó como arquitecto para Giovanni Rucellai, comerciante y humanista. Por encargo de éste último proyecta, en 1456, la finalización de la fachada de Santa María Novella, que había quedado inacabada en el primer nivel de arcadas. Alberti se encontró con el problema de tener que integrar elementos de épocas anteriores: debajo estaban las tumbas flanqueadas por arcos apuntados y las portadas laterales, también apuntadas en la parte superior, ya estaban establecida la altura del rosetón  en el que insertó (en su parte inferior) en el centro una portada clásica y colocó una serie de arquitos con una franja de mármol para separar y enmascarar las contradicciones entre los dos niveles. 


A la basílica gótica de Santa María le añadió una fachada de proporciones perfectas, asumiendo como módulo compositivo el cuadrado. Dos cuadrados idénticos componen la parte baja, y, a continuación sitúa un tercer cuadrado en medio del cuerpo superior, para ocultar la nave central de la basílica que era más alta y más ancha que las laterales. Finalmente disimuló la altura de las naves con dos ménsulas o molduras.


En 1447 se le encarga la construcción del Palacio Rucellai. Más que el patio, su intervención se centra en la fachada, realizada entre 1450 y 1460 y formada por tres planos superpuestos, cobijadas por una amplia cornisa, separados horizontalmente por otras cornisas que subrayan las separaciones horizontales, la superposición de filas de columnas con distintos órdenes tiene origen clásico y se basa en el Coliseo. La última cornisa de este palacio es la primera  que en Florencia sustituyó los viejos aleros de los palacios medievales. El palacio pasará a ser modelo para todas las siguientes construcciones de residencias señoriales. 





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