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jueves, 31 de enero de 2013

Arquitectura románica en España (Segunda Parte)


En lo concerniente a España, los edificios románicos religiosos no alcanzaron nunca la monumentalidad de las construcciones francesas, o de aquellas que más tarde levantaría el arte gótico. Los primeros edificios tenían gruesos muros y pequeños vanos por los que entraba una tenue luz, aunque luego se evolucionó en la construcción de los muros para abrir ventanas más grandes. Predominaron especialmente los edificios monásticos compartiendo importancia con las catedrales. En las ciudades surgieron iglesias y parroquias y en las localidades pequeñas se fueron un sinfín de pequeñas iglesias conocidas como románico rural. 

El material más preciado y el más caro fue la piedra. Los canteros se ocuparon de tallarla, siempre detectando la cara buena del bloque. Casi siempre se utilizaban rocas duras. También se utilizaba la mampostería, con piedra labrada en las esquinas, ventanas y puertas. El acabado final era de pintura y revoco, tanto para la piedra como para el mampuesto y los demás materiales, siendo imposible distinguir el material. El colorido de la arquitectura románica fue generalizado. 

En el primer románico muchas de las iglesias se cubrieron todavía con techumbre de madera, sobre todo en Cataluña, y muy especialmente en el valle del Boí, cuya renovación al románico de antiguas iglesias la hicieron  unos constructores lombardos que cubrieron las naves a dos aguas con estructuras de madera, respetando las viejas tradiciones de la región. 

A lo largo del siglo XI se fueron cubriendo las naves con bóvedas de cañón, de medio o de un cuarto de cañón, recurso empleado en el románico de toda Europa. Más tarde se empleó la bóveda de arista. El empleo de la bóveda de arista había sido olvidada y fue retomada por los grandes maestros constructores. La bóveda de arista dio paso a la bóveda de crucería, recurso muy frecuente en la arquitectura gótica. 

En los claustros de los monasterios y de las catedrales se edificaron las bóvedas de rincón que son aquellas que resultaban del encuentro de dos pandas de un claustro. Las soluciones para este tipo de bóvedas no eran muy fáciles, por lo que los constructores utilizaban trucos que les proporcionaban un buen resultado a simple vista. 





Las cúpulas de la arquitectura románica española alcanzaron una gran importancia. Se introdujo la construcción de cúpulas cuyo tambor apoyaba sobre un cuadrado con la ayuda de las trompas. La introducción de este sistema se debió a tres influencias: 


  1. El camino desde Oriente, por las comunicaciones con Bizancio y otros lugares de tipo religioso, político o comercial
  2. La influencia de la cuadrilla de constructores lombardos, maestros en desarrollar cúpulas sobre trompas
  3. La influencia aquitana, donde la cúpula es el elemento representativo

En la época tardorrománica se aprecio una influencia bizantina  aportada por los peregrinos, especialmente en las catedrales de Zamora, Zalamanca y colegiata del Toro, donde se construyeron las conocidas cono cúpulas del Duero. 

En España, el arco más usado fue el de medio punto, aunque se utilizó asimismo el arco de herradura y el arco apuntado. El arco de medio punto fue utilizado exclusivamente a lo largo del siglo XI y durante la primera mitad del siglo XII. Muchos arcos se construyeron doblados, con la intención de que adquirieran mayor resistencia. Más tarde, en las portadas, los arcos de medio punto se fueron formando con arquivoltas, es decir, sucesión de arcos concéntricos decorados con simples molduras o con ornamentación vegetal o geométrica. 

El arco de herradura se utilizó también en algunos edificios del románico español. Era un arco heredado de la arquitectura visigoda, sobre todo en Cataluña con la tradición de los visigodos en la Septimania y también de influencia islámica, sobre todo en Andalucía y Extremadura. Otros ejemplos son: 


  1. Iglesia de Santa María de Tera (Zamora) en los vanos de acceso a los brazos del crucero
  2. Catedral de Ávila, en los arcos del antiguo triforio
  3. Basílica de Santa Eulalia de Mérida, puerta de acceso y en el interior de los ábsides
  4. Iglesia de San Miguel de Córdoba, en una puerta lateral y en la capilla del baptisterio
  5. Ermita de San Martín en San Vicente de la Sostierra

Los contrafuertes son gruesos muros continuos, verticales, que se colocan en los lados de un arco o bóveda para contrarrestar su empuje. En la arquitectura románica son siempre visibles, siendo uno de los elementos que más la caracterizan, sobre todo en la arquitectura española. Muchos de los monumentos de Galicia ofrecen contrafuertes unidos entre sí unidos por un arco formando un muro compuesto, siendo la fachada lateral de la catedral de Santiago uno de sus ejemplos. 




En la época del románico no se consideraba que un edificio estuviese acabado hasta que sus muros recibieran la pintura adecuada. Los muros de las partes más importantes y significativas se revestían al interior al interior con pinturas iconográficas. Los muros, tanto por dentro como por fuera, se cubrían con una capa de pintura de un solo color y quedaban resaltadas con el material original las impostas, vanos y columnas, aunque también se las solía pintar con vivos colores. Esta costumbre de pintar o revocar los edificios no fue exclusiva del románico, sino más bien una herencia de la manera de construir de la Antigüedad. 

En todos los casos el acabado final era una superficie pintada. En muchos casos no se diferenciaba el material con el cual se habían construido. El remate de pintura dio a los edificios una protección contra las agresiones ambientales, que desapareció a partir del siglo XIX, cuando se aplicaron las teorías de dejar al descubierto los materiales de construcción. 

Algunas de estas pinturas han quedado como testimonio del pasado, tanto en paredes como en esculturas o capiteles. En la fachada de San Martín de Segovia, todavía en el siglo XX podían verse restos de pintura. A veces, al esculpir las cestas de los capiteles resultaba demasiado caro y se dejaban completamente lisos para que el pintor los rematase con motivos vegetales o historiados. En la Iglesia de San Payo de Abeleda se conservan vestigios de pintura en algunos capiteles y entre las ruinas del monasterio de San Pedro de Arlanza se han encontrado fragmentos de capiteles con su pintura original. 

La escultura, como decoración de edificios fue a partir del románico pleno algo tan común como necesario. Arquitectura y escultura formaron un programa iconográfico inseparable. Los capiteles de las columnas, los tímpanos, los frisos, los canecillos y las arquivoltas de las portadas fueron profusamente decorados con historias del Antiguo y Nuevo Testamento. Estas esculturas no se limitaron a descripciones a series religiosas, ya que aparecieron una serie de temas profanos igualmente importante para los hombres de los siglos XI y XII, como los trabajos de campo, el calendario, la guerra, las costumbres, etc. En otros edificios se esculpieron animales reales, mitológicos y simbólicos, incluso alegorías de vicios y virtudes. La decoración geométrica, la floral y la vegetal también gozaron de una enorme importancia al principio del románico. 





sábado, 12 de enero de 2013

Arquitectura Románica en España (Primera Parte)



La arquitectura románica supone una manera de construir dentro del estilo conocido como arte románico desarrollado en Europa, con sus características propias y su especial evolución a lo largo de más de dos siglos, que comprende desde principios del siglo XI hasta bien entrado el siglo XIII. Esta arquitectura adquiere en España sus propias peculiaridades, dejándose influenciar tanto por las modas que le llegan desde el exterior, (especialmente Italia y Francia), como por la tradición y recursos artísticos antiguos en la península Ibérica. 

La arquitectura románica se extiende en España por toda la mitad norte llegando hasta el río Tajo. Entró, en primer lugar por tierras catalanas donde desarrolló su primer románico y se extendió por el resto con la ayuda del Camino de Santiago y de los monasterios benedictinos. Dejó sus huellas especialmente en edificios religiosos que son los que han sobrevivido hasta el siglo actual, aunque también se construyeron monumentos civiles, aunque estos últimos se conservan bastante menos. 

El arqueólogo francés Charles de Greville acuñó por primera vez el término románico para referirse a la etapa de la arquitectura que comprendía desde la caída del imperio romano hasta el siglo XII. En los albores del siglo XX la historiografía del arte restringió la cronología situando el período románico a partir de finales del siglo X hasta la introducción del gótico. 

En España el románico se introdujo por Cataluña por las tierras de la Marcha Hispánica. Los reinos y condados cristianos de la mitad norte peninsular se habían mantenido fieles durante los siglos VIII al X a la herencia tradicional hispano-romana y visigoda, que en arquitectura había evolucionado en un arte propio y efímero (arte asturiano), que duró hasta la llegada del románico en el siglo XI. El arte asturiano se desarrolló durante los siglos IX y X en tiempos de los reyes asturianos, con soluciones hispano-romanas y godas, y aportaciones carolingias y bizantinas.

En Cataluña el auténtico promotor del románico fue el abad Oliba, quien fue abad de los monasterios De Ripoll y San Miguel de Cuixá. Viajó a Roma en varias oportunidades. Fue en Italia donde conoció la labor constructora de los canteros lombardos, a quienes introdujo en su tierra catalana, donde los grupos de canteros comenzaron a construir un sinfín de iglesias de estilo románico, pero con características y ornamentaciones lombardas. 




En la Edad Media el concepto de la palabra arquitecto tal como lo entendían los romanos se perdió totalmente, dando paso a un cambio de nivel social. La tarea del antiguo arquitecto era responsabilidad en aquellos tiempos, del maestro constructor, un artista que en la mayoría de los casos tomaba parte en la propia construcción, junto con la cuadrilla de obreros que tenía a sus órdenes. El maestro constructor era quien supervisaba el edificio, al mismo tiempo podía ser un artesano, un escultor, carpintero o cantero.

Toda obra arquitectónica románica se componía de un director (maestro constructor), un maestro de obras al frente de un grupo numeroso formando cuadrillas de picapiedreros, canteros, escultores, vidrieros, carpinteros, pintores y otros muchos oficios y especialidades que se trasladaban de un lado a otro. Dichas cuadrillas formaban talleres de los que a veces salían maestros locales que eran capaces de levantar iglesias rurales. El personaje más importante de todo este conjunto era el mecenas, sin el cual a obra nunca se hubiera podido realizar. 

La mayoría de las obras románicas son anónimas. El hecho de que la mayoría de las obras románicas se hayan mantenido en el anonimato ha hecho desarrollar la teoría de que el artista consideraba que no era persona apropiada para plasmar su nombre en las obras religiosas, aunque las pocas obras civiles que se conservan tampoco aparecen firmadas. Entre los artistas que firmaron sus obras se destacan: 


  • Raimundo de Monforte, que aparece en documentación de 1129 contratado para edificar la catedral de Lugo
  • Pedro Deustamben aparece en un epígrafe funerario de San Isidoro de León como constructor de las bóvedas
  • Raimundo Lambard (o Lambardo), trabajó desde 1175 en la Catedral de Urgel
  • Los maestros Bernardo el Viejo, Roberto y Esteban intervinieron en la catedral de Santiago de Compostela
  • El maestro Pierre de Coma trabajó a finales del siglo XII en la Catedral de Lérida

En el mundo románico, tanto el promotor de las obras como el mecenas y el financiador son los verdaderos protagonistas de la obra arquitectónica. Son los que mandan y opinan como debe de ser realizada la obra, sus dimensiones geométricas y son los que estimulan y engrandecen los proyectos. Los promotores se encargaban de contratar y llamar a los mejores artistas y arquitectos que trabajaban gracias a su impulso y entusiasmo. El artista del románico se adaptaba a la voluntad de estos personajes dando a la obra lo mejor de su oficio, y conformándose con la satisfacción del trabajo bien hecho sin tener ni deseo ni sospecha de poder adquirir una fama mundial tam y como se empezó a desarrollar a partir del Renacimiento. 






En España los reyes y una minoría de la nobleza implantaron tempranamente las nuevas tendencias del románico , mientras otra parte de la nobleza y la mayoría de los obispos y monjes se mantuvieron aferrados a las viejas costumbres. Algunos de  los mecenas y promotores del arte románico en España fueron: 

Abad Oliba: Fue mecenas, promotor y gran impulsor del arte románico en Cataluña. Entre 1030 y 1040 fue el impulsor de edificios tan importantes como:


  • Iglesia de San Vicente de Cardona
  • Monasterio de Montserrat y Montbuy
  • Monasterios de Ripoll, Cuixá, San Martín de Carnigó, Vich, en cuayas obras intervino personalmente
  • San Pedro de Roda
  • Catedral de Gerona
Reyes y nobleza de Castilla: Los primeros promotores entusiastas del arte románico en Castilla fueron Fernando I y su esposa Sancha, quienes patrocinaron y financiaron la llegada de artistas extranjeros, introductores de las nuevas técnicas y tendencias. Emplearon cuantiosas sumas en la construcción de grandes iglesias.

Alfonso VI heredó de su padre, Fernando I la admiración por Cluny y fue el más grande propagador de la arquitectura románica y el introductor oficial de la liturgia romana en todos los templos del reino, comenzando por el monasterio de Sahagún. 

Alfonso VII fue otro gran promotor-mecenas del románico, coincidiendo aquella época con arquitectura cisterciense. Protegió e hizo numerosas donaciones a los grandes monasterios. 

Diego Gelmírez: Obispo de Compostela, se encargó de seguir las obras de la catedral, que se habían interumpido en 1088. Viajó por toda Europa aprendiendo y asimilando las nuevas tendencias del románico. Entre los edificios construidos y remodelados por él mismo, se encuentran: 




  • Catedral de Santiago
  • Palacio episcopal
  • Dependencias para los canónigos
  • Hospital
  • Nueve iglesias en Santiago
  • Monasterios, castillos, etc

Cada reino, comarca o región geográfica de la península, así como algunos acontecimientos humanos (como el Camino de Santiago) marcaron un estilo característico influenciado por el ambiente geográfico, por la tradición  o por las cuadrillas de canteros y constructores contratados que se desplazaban de un lado a otro. Como consecuencia, en la arquitectura románica de España puede hablarse de románico catalán, románico aragonés, románico palentino y románico de Castilla y León, entre otros.

En España el arte románico se desarrolló durante tres etapas con características propias. 

Primer Románico: Su arquitectura comprende un área geográfica que discurre desde el norte de Italia, Francia mediterránea, Borgoña y tierras catalanas y aragonesas en España. Se desarrolló desde finales del siglo X hasta mediados del XI salvo en lugares aislados. 

Románico Pleno: Se desarrolló desde Oriente hacia Lisboa y del sur de Italia hasta Escandinavia. Comenzó su despegue hacia la primera mitad del siglo XIy continuó hasta mediados del siglo XII. Los mejores ejemplos los encontramos en los templos de peregrinación, como la Catedral de Santiago, en España. Se caracterizó por la inclusión de la escultura monumental en portadas y tímpanos y por la decoración y labra de los capiteles, molduras, impostas, etc. 

Tardorrománico: Se distribuye desde el final del románico pleno hasta el primer cuarto del siglo XIIIen que comienza a triunfar el arte gótico. Esta es la época de mayor construcción de monasterios de los monjes cistercienses. 






domingo, 9 de diciembre de 2012

Arquitectura Románica en Italia (Segunda Parte)




En Florencia, entre el siglo XI y XII se usaron algunos elementos comunes del románico pisano pero con un sello muy propio, caracterizado por una serena armonía geométrica que recuerda las obras antiguas. En el Baptisterio de San Juan esto es evidente en el modo de disponer los elementos exteriores, a través del uso de recuadros, pilastras, arcadas ciegas etc, siguiendo un esquema preciso y modular que se repite en sus ocho lados. El parámetro interno con mármol polícromo, inspirado en el Panteón de Agrippa se concluyó a inicios del siglo XII. Los mosaicos del pavimento datan de 1209 y los del ábside rectangular de 1218, mientras la primera fase del revestimiento externo se cree que es del mismo período. 

Otro ejemplo de este estilo florentino son la Basílica de San Miniato del Monte, iniciada en 1013 y completada en el siglo XIII, que muestra una fachada bícroma y una estructura rigurosa inspirada en el románico lombardo. La pequeña iglesia de San Salvatore al Vesovio y el parámetro incompleto de la fachada de la Abadía Fiesolana, junto a un modesto número de parroquias e iglesias menores completan el cuadro.

Si el estilo no tiene la difusión del románico pisano o lombardo, su influencia fue determinante para el desarrollo sucesivo de la arquitectura, a modo de base sobre la que tomaron inspiración Francesco Talenti, Leon Battista Alberti, Filippo Brunelleschi y otros arquitectos que dieron forma a la arquitectura renacentista.

El panorama toscano es rico también en influencias tramontanas. La Abadía de Sant'Antimo forma parte de una exigua clase de iglesias italianas inspiradas en modelos franceses con naves de ritmo obligado (alternancia entre columnas y pilastras), presbiterio con columnas, deambulatorio de capillas radiales. La enorme difusión de este tipo en Francia hace difícil determinar una filiación directa.

En Umbría algunas iglesias muestran influencias lombardas, aunque combinadas con elementos más clásicos tomados de los vestigios antiguos que han sobrevivido en la región. Es el caso de la iglesia de Santa María Infraportas en Foligno, San Salvatore en Terni o Santa María la Mayor en Asís.





En Las Marcas los modelos ofrecidos por la arquitectura emiliana son reelaborados con originalidad y combinadas con elementos bizantinos. Por ejemplo, la iglesia de Santa María de Portonovo que data del siglo XI) junto a Acona  o la Catedral de San Ciríaco presentan una planimetría de cruz griega con una cúpula en la cruz de los brazos y un pórtico avanzado en la fachada que encuadra un portal fuertemente abocinado.

En el Lacio septentrional los influjos lombardos filtrados a través de la Umbría fueron fecundados por la ininterrumpida tradición clásica: en Montefiascone con la iglesia de San Flaviano, iniciada en el siglo XII), en Tarquina con la iglesia de Santa María a Castello, iniciada en 1121, en Viterno con varias basílicas, todas decoradas probablemente por maestros lombardos que en algunos casos participaron también en la definición de la arquitectura.

Especial es la iglesia de Santa María Mayor de Tuscania construida en dos fases desde el siglo XII hasta 1206, donde el portal presenta columnas sobre leones y la representación de la Virgen sentada con el Niño en las piernas. También en Tuscania se yergue la Iglesia de San Pedro, caracterizada por un rosetón.

En Roma se produjo una etapa de continuidad respecto a las basílicas paleocristianas, con figuras de pontífices fuertes. En Santa María Cosmedín (Siglo XII, luego reedificada) fueron usadas pilastras alternadas con columnas, estas últimas sin función portante. Más interesante fue el panorama de la pintura y el mosaico, con grandes canteras para la decoración interna de la Basílica de San Clemente, de Santa María de Trastévere y de Santa María Nueva, donde prevalecieron motivos constantinopolitanos.

Una impronta duradera dejaron los maestros del mármol en el estilo cosmatesco, cuya actividad superó los confines del Lacio. Sus elaboradas taraceas con mármol y teselas de varios materiales de piedra fueron aplicados en pavimentos, púlpitos, ciborios, altares, cátedras, candelabros pascuales, etc. También se emplearon para decorar espacios arquitectónicos más complejos y variados, como el claustro de San Juan de Letrán, con las parejas de columnas de fustes alternadamente lisos, en espiral o mezclados y con números variados de mosaicos. 





Una de las más importantes canteras en Catania en la época románica fue la reconstrucción de la Abadía de Montecassino (hoy en día ya no existe). La basílica fue construida según el modelo de las romanas y el único recuerdo que queda de ellas está en la iglesia de Sant'Angelo en Formis erigida en 1072.

En los edificios del siglo XII y XIII se encuentran fuertes influjos árabes-sicilianos y moriscos, como en la Catedral de Caserta Vecchia con ventanas de hierro en el transepto y arcos cruzados que se apoyan sobre columnas en el Claustro de los Capuchinos (1212) y en la Catedral (1266 - 1268) en Amalfi, mientras que en Salerno se destacan las obras de mosaicos y aplicaciones cosmatescas con influencias islámicas.

Apulia y sus puertos eran usados por los peregrinos que se dirigían a Tierra Santa y fueron también el punto de partida para muchos cruzados  en 1090. El gran flujo de personas determinó la recepción de una gran variedad de influjos que se manifestó también en la arquitectura.

Uno de los edificios más representativos es la Basílica de San Nicola en Bari, iniciada en 1087 y terminada hacia finales del siglo XII. Externamente tiene un aspecto macizo, más parecido a una fortaleza, con una fachada cerrada a los lados por dos torres incompletas. La decoración con galerías de arcos y la presencia de un pórtico avanzado con columnas sobre leones en la fachada recuerdan las características lombardo-emilianas.

La Catedral de San Valentín en Bitonto es considerada la expresión más completa del románico de Apulia. Construido entre el siglo XI y el siglo XII, presenta una fachada tripartita por pilastras y decorada con arcos  pensiles. También posee un rosetón de dieciséis brazos rodeado de dos esfinges.

Otra construcción importante la encontramos en la Catedral de Trani, concluida a mediados del siglo XIII. fue construida según el modelo de la Basílica de San Nicola de Bari. Es un punto de referencia luminoso, gracias a la blancura de la toba caliza empleada. Otras influencias se encuentran en las iglesias de los santos Nicola y Cataldo en Lecce del año 1180, o en la Catedral de Troya, de 1119, esta última con influjos pisanos en el registro inferior, armenios en los relieves de arquitrabe, musulmanes en los capiteles y bizantinos en las puertas de bronce.




Palermo y Sicilia muestran durante ese período muchas influencias diversas debidas a las circunstancias históricas, políticas y religiosas que se sucedieron en aquellos siglos: los siglos IX y X fueron de dominio árabe, entre 1016 y 1091 sucedió la conquista normanda, y finalmente el nacimiento del reino de Sicilia fueron eventos que produjeron un proceso de compleja estratificación cultural.

Típicamente árabes, en Palermo son los edificios de la Zisa (1154 - 1189), que presenta una decoración con bóvedasde alveolos, la Cuba (1180), o las cúpulas semiesféricas de la iglesia de San Giovanni degli Eremiti (construida aproximadamente en 1140) con planta cruciforme.

Bizantinas se yerguen las iglesias de Martorana (de 1143) y la Capilla Palatina de Palermo en el Palacio de los Normandos, cubiertas por mosaicos. En la capilla palatina se unió la planta de cruz griega para el presbiterio y el cuerpo basilical en la nave. Los mosaicos presentan un esquema más original con respecto a la estrecha observancia de la Martorana. En la sala de Rogelio I en el Palacio de los Normandos se encuentra un ciclo profano con escenas de jardines y de caza, diversiones preferidas por los soberanos.

Otros importantes ejemplos de edificios de la época son las catedrales de Cefalú (1131 - 1170) y de Monreale (1172 - 1189). En ambas se encuentran mezcladas varias influencias que van desde las experiencias cluniacenses en la zona del ábsidea las galerías de arcos típicamente lombardas (Cefalú) a los cruzados (Monreale) de influencia árabe, a las dos torres en la fachada que recuerdan modelos transalpinos, introducidos por los normandos.



jueves, 29 de noviembre de 2012

Arquitectura románica en Italia (Primera Parte)



La arquitectura románica italiana cubre un período de producción más amplio que en otros países europeos: desde los precoces ejemplos de los últimos decenios del siglo XI hasta, en algunas regiones, todo el siglo XIII.

Como en todo lo románico, muchos elementos arquitectónicos son usados no solo funcionalmente sino también simbólicamente. Sin embargo, también hay elementos propios que se derivan de la situación geográfica y circunnstancial de Italia: el hecho de que Sicilia estuviera en manos de los musulmanes y que buena parte del sur de Italia fuera parte de Bizancio implica una serie de influencias que son propias de Italia. 

Otro elemento propio es la reutilización y uso de los templos paleocristianos o basílicas de la antigüedad adaptándolos a los modos de la arquitectura románica. De allí la mayoría de las iglesias de una sola nave con el esquema básico de los monumentos funerarios utilizados por los primeros cristianos. 

El panorama artístico es muy variado con románicos regionales de características propias. Gran variedad se da también por los materiales usados que dependían mucho de la disponibilidad local, ya que las importaciones resultaban muy costosas. En Lombardía el material más usado fue el ladrillo por la naturaleza arcillosa del terreno, mientras que en Como había una buena disponibilidad de piedras. En la Toscana no son raros los edificios de mármol blanco de Carrara con injertos de mármol serpentino verde, en Apulia se usa la clara toba caliza. Desde Roma hacia el sur el románico tiende a desaparecer dejando sitios a influencias bizantinas o árabes.

Las principales zonas de desarrollo de arquitectura románica son: 

  • La zona lombarda y emiliana, que influyó a buena parte del norte de Italia desde el Véneto hasta Liguria
  • Venecia con características peculiares influidas por el arte bizantino
  • La zona de influencia pisana: Toscana septentrional hasta Pistoia y Cerdeña
  • El románico florentino 
  • Las Marcas, Umbría y el Alto Lazio con influjos de otras corrientes
  • Roma
  • La zona campana
  • La zona de Apulia
  • Sicilia y Calabria

La Lombardía, más amplia que en nuestros días, comprendía Emilia y otras zonas vecinas. Fue la primera región que recibió las novedades artísticas de más allá de los Alpes, gracias al movimiento de artistas lombardos en Alemania y de los mismos alemanes que llegaban a la zona.




Estas influencias fueron reelaboradas siguiendo esquemas italianos, como los de la Abadía de Pomposa, con un campanario iniciado en 1063. En dicha abadía se puede observar una original decoración en dos colores por el uso de ladrillos blancos y rojos, y por primera vez en Italia, la fachada aparece decorada con esculturas (en realidad se trata de bajorrelieves esculpidos). El campanario está aislado con relación al cuerpo de la iglesia, decorado con bandas verticales (las llamadas bandas lombardas) y lesenas (arquillos) que dan la impresión de movimiento de los muros, perforado por la apertura de ventanas con arcos cada vez más amplios.

Imponente es el precoz ejemplo de la Basílica de San Abundio en Como, con cinco naves cubiertas con vigas de madera, con un doble campanario al estilo de los Werkwerk alemanes y una decoración del muro exterior con arcos ciegos y lesenas, además de un notable corredor escultórico.

Entre finales del siglo X y comienzos del XII, en estilo románico madruro se reconstruyó la Basílica de San Ambrosio en Milán, dotándola de bóveda de arista y un diseño racional, con una perfecta entre el diseño de planta y los alzados. 

Otros desarrollos han quedado testimoniados por la Basílica de San Miguel en Pavía, con la fachada constituida por un único y gran perfil pentagonal a doble vertiente, dividido en tres partes mediante contrafuertes verticales, en la parte alta decorada por dos galerías simétricas de arcos sobre columnas, que siguen el perfil de la cubierta. El modelo de esta iglesia se tomó de las iglesias de Pavía como San Teodoro o San Pietro in Ciel d'Oro y fue desarrollado en la Catedral de Parma y en la Catedral de Piacenza.

La Catedral de Módena es uno de los testimonios más coherentes de toda la arquitectura románica. Fundada en el año 1099 y obra del arquitecto lombardo Lanfranco, fue construida en pocas decenas de años y no presenta influjos góticos significativos. Con tres naves privadas de crucero y tres ábsides estaba cubierta por cerchas de madera, que fueron sustituidas por bóvedas de arista en el siglo XV. La fachada con pendientes refleja la forma interna de las naves y está dividida en tres por dos poderosas pilastras, mientras el centro está dominado por un pórtico avanzado de dos pisos que se sostienen en columnas sobre leones. La serie continua de galerías a la altura del matroneo, encerradas por arcadas ciegas que rodean la catedral, crean un efecto de claroscuro, muy copiado en construcciones posteriores. 

En el Piamonte las influencias lombardas se sumaron a las del románico francés, provenzal en la Sacra di San Michele o en la Colegiata de San Orso en Aosta. En la Liguria el lenguaje estilístico fue filtrado y mezclado con influencias pisanas y bizantinas, como en la Catedral de Ventimiglia o en las iglesias genovesas de Santa María delle Vigne y San Juan de Pré.





En Venecia, la obra maestra arquitectónica de este período fue la construcción de la Basílica de San Marcos. Fue iniciada por Doménico Contarini en 1063 sobre un palacio preexistente, funcionaba como capilla palatina del Palacio Ducal. La construcción de la basílica no concluyó hasta el siglo XIV, pero el estilo se mantuvo unitario y coherente ante los diversos influjos artísticos que pudo sufrir durante los siglos.

La basílica es una conjunción única entre arte bizantino y occidental. La planta es de cruz griega con cinco cúpulas distribuidas en el centro y a lo largo de los ejes de la cruz, rodeadas de grandes arcos. Las naves, tres por brazo, están divididas por columnatas que confluyen hacia los pilares que confluyen hacia los pilares que sostienen las cúpulas, las cuales se realizaron ariculados con cuatro pilares y una cúpula más pequeña.

El exterior fue decorado tras la toma de Constantinopla en 1204, con placas de mármol, columnas polícromas y estatuas robadas de la capital bizantina. Durante el mismo período se realizaron las cúpulas y se diseñó la plaza porticada de San Marcos. El interior está realizado por mosaicos que fueron realizados entre el inicio del siglo IX hasta el XIII.

El románico pisano se desarrolló en Pisa, entre los siglos XI y XIII, incluyendo las zonas de Córcega y Cerdeña y a una zona de la Toscana septentrional, desde Lucca hasta Pissoia. El carácter marítimo de la potencia pisana y la peculiaridad de los elementos propios de su estilo, permiten que la difusión del románico pisano se extendiese más allá del área de influencia política de la ciudad.





La primera realización fue la Catedral de Pisa, iniciada en 1063. Como en Venecia, la arquitectura pisana recibió influencias de Constantinopla y de Bizancio en general. Elementos de posible influjo bizantino son los matroneos (balcón o logia en el interior de un edificio, se los encuentra generalmente en las iglesias) y la cúpula elíptica con coronamiento de bulbo. Los elementos orientales fueron según el gusto local, llegando a formas artísticas de notable originalidad. 

Elementos típicos del románico pisano son el uso de las galerías de columnas, inspiradas en la arquitectura lombarda, multiplicada hasta cubrir enteras fachadas, y de arcadas ciegas, el tema del rombo, una de las características más reconocibles, derivado de modelos islámicos norteafricanos y la bicromía alternada, derivada de modelos de España musulmana.

Otros ejemplos en Pisa son la célebre Torre, iniciada en 1173, el primer anillo del Baptisterio, la iglesia de San Paolo a Ripa d'Arno y la iglesia de San Michele in Borgo. 

Desde Pisa el nuevo estilo llegó a Lucca influyendo el primitivo romano que se conserva en la Basílica de San Frediano y en la iglesia de Sant'Alessandro Maggiore. La iglesia de San Michele in Foro, la fachada de la catedral de San Martino, concluida en 1205, representan una evolución del estilo pisano a formas aun más ricas en cuanto a la decoración, sacrificando la originalidad arquitectónica. En Pistoya el uso del mármol serpentino unido a bandas alternadas de mármol blanco creó efectos de bicromía. Decenas de parroquias siguen el estilo pisano, adaptándose a la disponibilidad económica de las poblaciones. 




lunes, 5 de noviembre de 2012

Iglesia Abacial de Sainte Foy



La iglesia abacial de Sainte Foy de Conques es una iglesia abacial situada en la comuna francesa de Conques, en el departamento de Aveyron. Es considerada una pieza maestra de la arquitectura románica del sur de Francia, siendo especialmente célebre por su tímpano y por su tesoro que incluye obras de arte únicas datadas en el período carolingio. El interior se presenta decorado con vitrales de Pierre Soulages. Esta abadía fue fundada por el abad Dadon bajo la protección de Carlomagno. 

La construcción de la abadía fue iniciada entre 1041 y 1052 por el abad Ordorlic, quedando su cabecera finalizada antes de 1065. Posteriormente los trabajos languidecieron un tanto y la nave no fue concluida a principios del siglo XII, lo que la enmarca dentro del arte y arquitectura románica. Es posible que el monumento haya sido modificado en pleno trabajo de construcción.

Ha sido construida siguiendo una planta clásica en cruz, si bien debido a la configuración del terreno en pendiente el transepto es más largo que la nave. Las dos torres de fachada datan del siglo XIX.

Por su arquitectura la iglesia abacial se relaciona con una serie de cinco edificios: la basílica de Saint Martin de Tours, Saint Martial de Limoges, Saint Sernin de Toulouse y la Catedral de Santiago de Compostela presentando un conjunto de características comunes: planta con deambulatorio y capillas radiales y transepto provisto de naves laterales para facilitar la circulación de los peregrinos. Estos rasgos comunes se extienden igualmente a la elevación y al sistema de contrafuertes.

En la fachada occidental una profunda arquivola de bóveda de cañón con arco de medio punto acoge al tímpano del Juicio Final, una de las obras fundamentales de la escultura románica en Francia por sus cualidades artísticas, su originalidad y por las propias dimensiones de la obra. En el conjunto aparecen 124 personajes y está dividido en tres niveles distintos.





El interior de esta iglesia abacial es de una enorme simplicidad: la bóveda, muy alta, es de 22 metros de altura, el coro está rodeado por un deambulatrio que permite a los fieles desfilar alrededor de las reliquias. El deambuatorio está provisto de espléndidas rejas fechadas en el siglo XII. La sacristía está decorada con frescos del siglo XV que muestran escenas del martirio de la santa. Al fondo del transepto izquierdo podemos admirar un altorrelieve que representa la Anunciación, esculpido por el mismo artista que ejecutó el tímpano. Los vitrales de la iglesia, obra de Pierre Soulages, otorgan un aspecto contemporáneo a la atmósfera sobria y recogida del edificio.

Los capitales constituyen un magnífico ejemplo de arte romántico. El más antiguo de dichos capiteles parece ser aquel que nos presenta a San Pedro crucificado cabeza hacia abajo. Igualmente existen capiteles entrelazados. También son destacables los temas iconográficos relativos a las cruzadas.

Al sur de la iglesia subsisten algunos vestigios del claustro, desaparecido en el siglo XIX, entre ellos seis vanos geminados en la galería occidental. El lugar fue utilizado durante mucho tiempo como fuente de suministro de piedras para la construcción de las casas del pueblo de Conques.

La construcción del claustro entre los siglos XI y XII comportó una auténtica floración de capiteles. Diecinueve de ellos siguen aun en la galería occidental junto al antiguo refectorio. Otros se encuentran exhibidos en el museo de lápidas. Algunos de ellos desaparecieron a raíz de la ruina y destrucción del claustro, hacia el año 1830.




Expuesto en el antiguo refectorio de los monjes, la sección de orfebrería religiosa es la más completa de las colecciones de orfebrería religiosa francesas, abarcando desde el siglo IX hasta el siglo XVI, incluyendo especialmente relicarios manufacturados por artistas locales fechados en el siglo XI.

La pieza estrella del tesoro es la estatua relicario de Santa Fe, la que está en el origen de la prosperidad de la abadía y cuya reliquia fue robada en la ciudad de Agen. Fechada en el siglo X, está compuesta por placas de oro y plata sobre un bastimento de madera. Con el transcurso de los años se le han añadido varias joyas. 

Puede admirarse también la A de Carlomagno en plata dorada recubierta de madera. Según cuenta la tradición legendaria el emperador habría dotado a cada abadía con una letra del alfabeto, atribuyendo a la de Conques la letra A como símbolo de su excelencia. Otros tesoros a admirar son el relicario de Pipino, la linterna de Begon o el brazo relicario de Sainte Georges. Todos estos tesoros de la arquitectura y la orfebrería no hubieran sobrevivido a nuestros días de no ser por la protección dispersada por Prosper Mérimée.





lunes, 6 de agosto de 2012

Monasterio de Santo Domingo de Silos


El Monasterio de Santo Domingo de Silos se halla ubicado en la parte oriental de un pequeño valle de la gran meseta castellana, que el primer documento conservado en el Archivo de Silos  (año 954), ya entonces denominado como valle del Tabladillo. Su claustro es una de las obras maestras del románico español. 

El monasterio, aunque no en su actual configuración, se remonta a la época visigótica (siglo VII), desvaneciéndose durante la ocupación musulmana. En el siglo X, con el nombre de San Sebastián de Silos, vuelve a resurgir la comunidad monástica, alcanzando una pujante actividad que decae bajo las razias de Almanzor. Recobrada la serenidad, el monasterio se encuentra arruinado y maltrecho. Cuando en 1041, Domingo, Prior del Monasterio de San Millán de la Cogolla se refugia en Castilla es bien recibido por el rey Fernando I, quien le confía la misión de restablecer el antiguo esplendor y dar nuevo auge al Monasterio de Silos.

En el siglo XVIII se amplían las instalaciones. Se encomienda el trabajo al arquitecto Ventura Rodríguez para que se haga cargo de realizar dichas reformas. Sin la menor consideración y con el desprecio que en aquella época suscitaba todo lo referente al medioevo, se derribó, lamentablemente su templo románico, sustituyéndolo por otro netamente neoclásico. Del primitivo templo aun se pueden admirar el ala sure del transepto y la Puerta de las Vírgenes. 

En 1835 sufre los efectos de la desamortización de Méndizabal que implicaron la pérdida de parte de sus riquezas artísticas y documentales. En una visita al monasterio, el poeta Gerardo Diego compuso el famoso soneto El ciprés de Silos, considerado uno de los mejores sonetos de la literatura española. 




El claustro es de doble planta, siendo la inferior la más antigua de las dos. Forma un cuadrilátero de lados levemente desiguales. Los lados norte y sur tienen 16 arcos, mientras que los lados este y oeste solo 14. Los arcos son de medio punto y descansan sobre capiteles que están apoyadas sobre columnas de doble fuste monolítico, solo los soportales centrales están formados por quíntuples, salvo el del lado norte que es cuádruple y torsado. 

El claustro inferior comenzó a construirse en la segunda mitad del siglo XI y primera del XII. El claustro superior, por su parte, data de finales del siglo XII. En el inferior se perciben dos fases de ejecución: durante la primera, de principio del siglo XI, se llevaron a cabo las galerías norte y este, la segunda se desarrolló en el siguiente siglo, realizándose las galerías oeste y sur. Cada fase muestra una manera de ejecución y un estilo diferente. Los fustes de la columna de la primera etapa están más separadas y presentan mayor éntasis (o sea la sección de la columna que posee mayor diámetro), mientras que las tallas son de poco relieve y escaso movimiento.

En el plano artístico, lo más destacable es la colección de 64 capiteles de que consta el claustro bajo y los relieves que ornamentan las caras interiores de las cuatro pilastras que forman los ángulos de la galería. 




Los capiteles, y, en especial los del segundo artista, son obras maestras de la iconografía románica y lo que más llama la atención de todo el claustro. Sus temas son variados y van desde los que representan escenas bíblicas, hasta los figurativos de animales quiméricos, grifos, leones, centauros y toda clase de elementos vegetales.

También cabe mencionar la Puerta de las Vírgenes, que comunica el claustro con la iglesia y que constituye un vestigio del antiguo templo románico, la fachada de la desaparecida sala capitular que se abría a la galería, sin olvidar el atesorado mudéjar decorado con alrededor de 700 figuras y escenas Castilla, de los siglos XIV y XV. Su Biblioteca posee unos 160.000 ejemplares. 

El monasterio también posee una botica y un museo:


  • La botica se creó en 1705, en aquel entonces disponía de su propio jardín botánico, de un laboratorio farmacéutico y de una biblioteca especializada, de la cual se conserva aproximadamente unos 400 volúmenes editados entre los siglos XVI y XIX.
  • En una antigua sala del monasterio se exhibe una importante colección de obras de arte que incluye pintura, orfebrería, escultura, y esmaltes entre otras cosas. Se destaca especialmente el tímpano de una de las puertas de la antigua iglesia románica que se pudo rescatar de entre los cimientos de la actual iglesia neoclásica.